Cuando el virus llegó a España y a Estados Unidos, el mundo despertó

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Ana Soteras | MAdrid
León

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La llegada del ébola a España y a Estados Unidos, en agosto de 2014, a través de tres misioneros infectados en África y evacuados a sus países de origen, fue la espita que hizo reaccionar a la comunidad internacional contra un virus que mataba a mil personas cada semana en Liberia, Sierra Leona y Guinea Cronakri.

Un año después, estos tres países siguen luchando contra el virus mortal, aunque el número de casos semanales se ha reducido a una treintena. Una epidemia que todavía no está controlada y que suma 27.748 casos y 11.279 muertes al transmitirse a través de los fluidos, según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

«Es inquietante comprobar que, de los treinta casos semanales, casi la mitad no proceden de la lista de contactos de los afectados, no sabemos de dónde viene el contagio», asegura a Efe Luis Encinas, responsable de Operaciones para África Occidental/Sahel de Médicos Sin Fronteras(MSF).

«No es fácil acabar con esta epidemia, el objetivo es lograr el caso cero y eso supone todavía un trabajo monstruoso», apunta el representante de MSF, organización que mantiene abiertos seis centros de tratamiento en los tres países afectados donde han atendido a casi 10.000 personas.

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La buena noticia es que acaba de publicarse en la revista científica The Lancet los resultados de una vacuna experimental contra el ébola, denominada VSV-ZEBOV, «eficaz cien por cien» diez días después de haber sido administrada a una persona sin infección. Una esperanza que llega veinte meses después de que se conocieran, en enero de 2014, los primeros casos en Guinea Conakri.