CORNADA DE LOBO
Los averiguadores
Me fascina la estampa del fraile averiguador en el huerto de su monasterio descapullando guisantes y descubriendo para el mundo las leyes de la genética… del mismo modo me maravilló de guaje ver al señor Román injertando en un ciruelo una vara verde que tres años después daba un kilo de cerezas, ¡ostrás, un árbol con dos frutas a la vez!, el prodigio… el señor Román renunciaba a un buen trozo de su huerto para permitirse las licencias del labrantín curioso que sólo piensa en mejorar su cosa y no deja de ensayar cultivos, técnicas o caprichos, siempre leal al viejo lema que ya conoces: «Cava profundo, echa basura… y cágate en los libros de agricultura».
Así quise imaginarme a esta diputación, averiguadora, cuando en los stenta me llevaron a una granja experimental que tenía en Villar de Mazarife y otra agraria en Almázcara, e imaginé una diputación volcada en averiguaciones para orientar y mejorar a la gran mayoría agraria que puebla esta provincia… ¡la provincia!, eso que nos llena la boca y da la razón de ser a esta institución que unos plantean disolver, alegando otros que son absolutamente necesarias para defender el patrimonio y la personalidad de la provincia… y que sin ellas no seremos nada, la entelequia.
Depende. El primer patrimonio es el natural, la tierra, bosques, montañas y bichos… ¿cómo lo está defendiendo esta diputación?... después, está el patrimonio agrario… ¿logró alguna variedad de alubia o lúpulo, una oveja semileonesa, una técnica propia?... viene a continuación el patrimonio arquitectónico, los monumentos, la casa popular… ¿superó esta diputación sus míseras limosnas con anzuelo?… y todo el vastísimo patrimonio cultural, claro (aquí ni pregunto)... pues la provincia es esto: la tierra, la casa y la gente… todo lo demás es obra, negocio y política… y si hacen diputaciones volcadas solamente en proteger (y mejorar) ese patrimonio natural, el histórico y el cultural (lo que somos y tenemos), ahí echaré mi cuarto a espadas.