CORNADA DE LOBO
El cerebro, un solar
Me pasé bastantes tardes de domingo de mi niñez jugando en un hospicio vacío, lúgubre y lleno de miedos que aún tapizaban sus muros, aquel hospicio que miraba al jardín de San Francisco con fachada más larga que un Escorial de secano.
Ocurrió que los inquilinos de aquel establecimiento benéfico ya estaban alojados en la nueva «Ciudad Residencial Infantil San Cayetano» (cuánto eufemismo), pero el capellán (mi tío) seguía viviendo en aquel viejo Hospicio y allí nos personábamos la interminable sobrinada campeando por todas sus estancias deshabitadas y en cuyos bajos se guardaban, entre otros momios y trastos, los gigantes y cabezudos de las fiestas con los que hacíamos tarascadas y pavores.
Derribar aquel viejo Hospicio fue otra de las aberrantes barbaridades patrimoniales a que acostumbra esta ciudad. Su valor arquitectónico e histórico hubiera llevado hoy a la cárcel a los lumbreras que convirtieron en vergonzante solar lo que nació como un sueño ilustrado del XVIII al cifrar allí la esperanza industrial de León como Real Fábrica de Tejidos e Hilados... y acabó en parcela asolada en la que todos metieron cazo hasta ocuparla casi entera (menos ese trozo convertido en horrendo aparcamiento que ahora litiga por la «propiedad de uso» después de vivir de favor treinta años, algo jetas): primero, el Instituto de Higiene; después, el Conservatorio, el Edificio Fierro; más adelante, la Biblioteca Pública y, finalmente, Correos (Correros ponía un indicador colocado allí hasta percatarse de la errata). Total, tres ministerios pillaron su cacho; y la Diputación, la dueña dejada, lo suyo.
Pero hace treinta años ese aparcamiento lo pidió el ministerio de Cultura para edificar el Museo de León largamente debido comprometiendo para ello una inversión de 5.000 millones de pesetas. Pero nadie urgió ni exigió cumplirla y el ministerio, feliz con la pachorra cazurra, vio que, además, le ofrecían después la ganga de Pallarés para museo ahorrándose dos tercios de la inversión que aún deben a León... pero están tranquilos, el cerebro político leonés también es un solar.