EL BAILE DEL AHORCADO
El lobby prudente
Hablaba Álvaro Caballero en una liebre de la patronal bronceada. Si tuvieran sentido del humor lo pondrían en sus tarjetas de visita, aunque yo añadiría ‘y subvencionada’. Les pega más. Desde que la Cultural ha subido a segunda y (Arabia Saudí y Trump mediante) no nos bajemos de la cresta de la ola, aún tenemos un tiempo muerto del que disfrutar. Todo son buenas noticias, o al menos sus sombras, hay tantas que vamos a sufrir un empacho de santidad y puede que de esta subamos todos a los cielos sin necesidad de pasar por el malvar, engorro donde los haya, sobre todo para la viuda que se quede con las sobras. El caso es que sube la Cultural, los peones de la reina le hacen Mate con Torre al presidente, Cepedano se convierte en presidente de un lobby que ya se ha convertido en una paradoja, y Herrera se despide de León anunciando, de nuevo, que el moribundo es Hugh Heffner en sus buenos tiempos. Hay tanta ilusión que incluso yo me lo creo, a pesar de que sigamos liderando el topten de la despoblación, aunque el 80% de los paisanos se haya convertido en precariado laboral y el kilo de ingeniero esté a 900 euros. ¿Cuántos años tardaremos en que la ruina sea devorada por el recuerdo? Pero, queridos leoneses, todavía tenemos paisanos que nos ayudan, que nos devuelven la clarividencia intelectual. ¿Para qué una autovía a Braganza? Respeten ustedes el monte bajo y los caminos de siempre, las calzadas romanas, otro cul de sac. Ya saben lo del Edicto de Augusto ¿no? Pues en León siempre es contemporáneo. ¿Alguien ha oído decir algo al presidente del lobby del Noroeste? No lo esperen, porque la persona encargada de presionar ya advirtió, en la línea de todos los leoneses con carguito, de que la cosa está en la prudencia y la moderación. Pues eso, la subvención. Así que el muerto seguirá muriendo en silencio?, que para eso están los abogados, para dar la extremaunción sin que el difunto huela demasiado, para amortajar y enterrar durante la noche. Ya pagarán los huérfanos a las plañideras para que lloren en bajo, que los excesos sentimentales son una ordinariez.