León

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Caminamos hacia un mundo inefable, un lugar en el que la tolerancia proscribe cada día más y más palabras con la finalidad de encarcelar conceptos, sentimientos, formas de vivir y pensar que corren el peligro de acabar en el destierro. Se llama uniformidad, una enfermedad de aculturación que galopa a lomos de la imposición de una ideología única. Esta tendencia social no está movida por los resortes del respeto sino por la muerte del pensamiento. Cada vez tenemos menos capacidad de elección. Piensen en la cantidad de palabras que no se atreven a decir. Son muchas más de las que creen. El mundo de corrección política y pensamiento elemental desaloja palabras que, con su desaparición, desplazan mundos enteros. Antes o después desaparecerán. Es mucho más sencillo vivir en la uniformidad, pero la humanidad es otra cosa y la libertad para decidir está en el centro de todo. ¿Es el lenguaje el que vertebra nuestro inconsciente o es al revés? ¿Hasta qué punto seguirá la sociedad avanzando hacia la aniquilación de la individualidad? No es una broma, como no lo es que una adolescente verbalice, en horario de máxima audiencia, su negativa a pronunciar la palabra mariconez. Cientos de miles de idiotas como ella le comprarán el mensaje y la espiral seguirá creciendo. El movimiento es peligroso porque entraña una desvergüenza en la ignorancia muy difícil de curar. Maricón es, de hecho, una bandera para el movimiento gay. El orgullo convirtió el insulto en una manera de reivindicarse frente a los que preferían que la salida del armario se produjera de manera discreta, sin alharacas, sin exhibiciones.

Las palabras tienen más de un significado. Algunas, incluso, tienen la capacidad de acoger en su seno al contrario, pero vivimos en un mundo que trata de evitar la complejidad innata a la evolución cultural a través de la castración del lenguaje. Cada vez la piel más fina, cada vez más proclives a la censura y a la abulia semántica. Que conste que es muy fácil hablar sin decir nada, pero tiene un precio, mucho más alto que el de intentar explicar la realidad. ¡Cuánta mariconez!

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