Sitio al olvido
Mal entienden algunos que la neurociencia recomiende vivamente «la necesidad de olvidar» (y si es necesidad, también será un derecho) para tener un cerebro «salutogénico», generador de salud, y no una reserva de hiel empantanada que, como ácido corrosivo, descompone la serenidad y el equilibrio (la salud, nada menos)... decía estas cosas el otro día en la Ser Álvaro Pascual-Leone, catedrático de Neurociencia en la universidad de Harvard, eminencia de respeto mundial y coautor del reciente libro «El cerebro cura». Dijo más o menos que la gente que olvida vive más y vive más alegre al pensar hacia adelante y no alojarse tanto en el pasado, cuna de rencores y carcoma mental.
Esto nos vale, dijo Peláez, porque esta España sigue siendo el reino de la Tía Vinagre y su burra muerta; y nos atizó: si es indiscutible la necesidad de una Ley de Memoria Histórica, y lo es, ¿no lo será también una Ley de Olvido Histórico o solo olvido?... aunque de nuevo habrá lío: ¿qué hay que olvidar y qué no?... y lo de «quien olvida la historia está condenado a repetirla» ¿es siempre cierto?... Pascual-Leone indica receta: «hay que aceptar lo que ha pasado... no más discutirlo inútilmente... perdonar y perdonarse... ser más generosos con nosotros en los errores del pasado»... y así, al parecer, el cerebro se esponja y envía al cuerpo, a la salud, otras órdenes más esponjantes; a qué avinagrarse si la vida es tan efímera y la felicidad tan fugaz.
Pero si «la poesía es un arma cargada de futuro» (Gabriel Celaya), la Historia es un cañón cargadísimo de pasados («yo perdono, pero no olvido», decimos), obús de gran calibre que el poder y la literatura codician para añadir orgullos o avivar agravios que enaltezcan el yo y legitimen el «me cago en tus muertos y te meto un muro».
Sócrates pontificó: las historias las necesita quien tiene poca historia o no la hace y busca disimularlo con fantasías noveladas... y Octavito exigió Ley de Olvido Histórico para guerritas romanas, condes medievales, templarios de sábana, cofradías tridentinas... y buscadores de códices o griales.
Si lo hacen para no olvidar, malo.