PEREGRINOS POR LEÓN
De las Antípodas a Finisterre por León
Las cien naciones del Camino. Nueva Zelanda es uno de los 102 países que surcan León gracias al Camino de Santiago. Hay quien repite y no se cansa, como Larree y Robert, una pareja de las Antípodas en la ruta Jacobea por cuarta y tercera vez. «Es bueno para reflexionar», señala ella; «es libertad», dice él
Robert y Larree han viajado desde Nueva Zelanda para hacer el Camino de Santiago por cuarta vez ella y por tercera vez él. MARCIANO PÉREZ
Empieza la temporada alta en el Camino de Santiago. Con la Semana Santa pegada al mes de mayo, la afluencia de peregrinos en ruta y en los albergues ya se nota. Mayo es el primer mes que más personas registran las estadísticas de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Pulchra Leonina de León.
Un 16% del total de caminantes registrados en los albergues y hostel, un total de 8.713 personas el año pasado, atravesaron León en el mes de mayo el año pasado, lo que significa una afluencia diaria de 281 peregrinos. Para entonces, Larree y Robert, una pareja de Nueva Zelanda que ayer recaló en la capital tras 21 días de camino, estarán rozando las tierras gallegas. Van despacio, sin prisa, degustando el andar y la vida que se fluye a su alrededor.
Larree, ya jubilada y dedicada a ayudar a una protectora de animales en su país, descubrió el Camino de Santiago gracias a unos amigos holandeses en 2011. «Me dijo que no había nada mejor que hacer el Camino de Santiago», recuerda. Y se puso en marcha. Hasta entonces nunca había oído hablar de la senda jacobea que trazaron las grandes peregrinaciones de la Edad Media al tiempo que se construían los grandes templos del gótico inspirados en Notre Dame.
Desde entonces, es la tercera vez que Larree afronta el Camino Francés, de Somport y Puente la Reina hasta Finisterre. Además, en 2017 realizó el Camino del Norte junto con Robert, su marido, que ya le había acompañado en 2014 por el francés. «Lo pasé también que quise volver y mi marido me acompañó», explica.
El comienzo del camino y la Meseta son sus lugares favoritos. Los grandes espacios abiertos de la Meseta y la arquitectura de Gaudí en León y Astorga, además de la belleza de la Catedral de León, son algunos de los atractivos que les han animado a repetir la gesta peregrina por la ruta conocida como Camino Francés. En Nueva Zelanda la orografía es montañosa y los horizontes no son muy abiertos. Además, el «buen tiempo y el sol español» forman parte del atractivo de caminar por la senda jacobea para esta pareja.
Las 28 horas de vuelo y los 19.810 kilómetros que separan Nueva Zelanda de León no son obstáculo las más de 200 personas de este país que cada año surcan el Camino de Santiago, con sus nueve o diez de paso por la provincia leonesa. A los que hay sumar, si se trata de distancias tan largas, el millar que llega desde Australia.
La afluencia de Las Antípodas está muy lejos de las riadas de caminantes de Italia, un total de 6.953 el año pasado, o los 4.225 de Alemania, que son las naciones más concurridas en la ruta jacobea en León. Sin desdeñar los 3,758 estadounidenses o los 1.631 de Brasil, el país del cono sur americano que más peregrinos aporta al Camino de Santiago como efecto del éxito del libro de Paulo Coelho El peregrino de Compostela.
De Canadá se registraron el año pasado en León un total de 1.360 caminantes en busca de la compostelana o de una respuesta interior, que fue lo que encontró el famoso escritor brasileño cuando encaró el Cebreiro saliendo de León a Galicia.
Al contrario que él, que ha dicho que experiencias como el Camino de Santiago sólo se pueden vivir una vez, hay personas como Larree y Robert que vuelven tras las experiencias y sentimientos vividos. «Es bueno para la reflexión, para pensar y ser mejor persona», explica ella. «Para mí es libertad», asegura él.
Tienen previsto terminar el periplo jacobeo el 26 de mayo, el mismo domingo en que en España se decidirá el gobierno de sus más de 8.000 municipios, 12 de sus 17 autonomías, además de las dos ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Toda Europa estará votando mientras este matrimonio contemplará el horizonte desde Finisterre. El Camino de Santiago no termina en Compostela para la mayoría de los peregrinos. Quieren llegar hasta el fin de la tierra, como se creía el mítico lugar en tiempos antiguos. «¡It’s beautiful! (¡Hermoso!», afirman.
LEÓN Y NUEVA ZELANDA
Por el camino descubren un país que les gusta también por su gastronomía, a pesar de que su dieta habitual es vegana. «Aquí comemos cosas que en nuestro país no probamos, aunque no carne», matiza Larree, enamorada de la enorme variedad de panes que encuentra en el Camino de Santiago. A Robert le encanta la paella. Sin olvidar los halagos al vino, aunque cuentan que en su país se dan bien los caldos y con calidad.
De su país, con una población que no llega ni a los 5 millones de Cataluña, destacan la fortaleza de la economía, con el cultivo de kiwis como uno de los grandes emblemas y recursos nacionales.
La pareja descubre con sorpresa que la lana de merino de la camiseta que lleva Larree guarda cierto parentesco con León. Las ovejas merinas llegaron a las Antípodas a mediados del siglo XIX, en plena expansión de esta especie por el hemisferio sur. Al principio se adaptaron mal a las condiciones de humedad del país y se aprovecharon sobre todo para carne. Actualmente, el 10% de la cabaña mundial de ovejas merinas se encuentra en este país.
Robert y Larree descubren con entusiasmo los hilos que unen a Nueva Zelanda con León, pues los rebaños de merinas más afamados se criaban entre los jugosos pastos de las montañas de León y las dehesas extremeñas mediante un sistema de explotación del territorio que dio lugar a la trashumancia. «¡Es fantástico!», exclaman.
Tampoco habían visto nunca procesiones de Semana Santa. No hay nada parecido en su país. Logroño, Burgos y ayer León han aumentado su acervo cultural acerca de un país al que no descartan volver.
Países como el también lejano Taiwan y más cercanos al Camino como Noruega, Eslovenia y Rumanía aportan un número similar de peregrinos que Nueva Zelanda. La distancia no es un problema. La afluencia se nota más en función de la amplitud y nivel de vida de los países. Venir en peregrinación desde las Antípodas a León no es barato y menos aún pasar casi dos meses en el Camino de Santiago, como harán Robert y Larree.
La Asociación de Amigos del Camino de Santiago de León Pulchra Leonina hace referencia en su memoria anual a la aportación económica que realizan los peregrinos. En 2018, los 53.747 peregrinos recorrieron la provincia durante 456.390 jornadas. Aunque atravesar la provincia supone una media de nueve jornadas, este cálculo se hace teniendo en cuenta a los caminantes que inician la ruta Jacobea en la capital y por tanto realizan tres jornadas menos por término medio. Naturalmente, en todas estas jornadas tienen que comer, dormir, desayunar, cenar, beber, descansar, comprar y seguramente darse algún capricho.