El baile del ahorcado
Primo Levi
Y ustedes qué piensan? Alejandro Baricco defiende que Auschwitz sería hoy imposible sin que la gente lo supiera. No es necesario hacer una enmienda a la totalidad de la frase porque negar lo absurdo es una trivialidad. Todos lo sabían. Perdón. Todos lo sabíamos. Incluso los que no habían nacido, incluso los que de verdad no tenían noción de lo que estaba ocurriendo no sólo en Auschwitz, sino en Treblinka, en Belzec, en Chelmno, en Majdanek, en Sobibor... No hacía falta tener acceso a las redes sociales, ni a las fake news, ni siquiera era necesario googlear cámara de gas, holocausto, shoa o sonderkommando para saber que lo imposible estaba pasando, a pesar de los esfuerzos por cerrar los ojos y continuar con la rutina de la vida.
Todos los sabían. Eso también forma parte del horror. No, ese es el horror. Todos lo sabíamos, incluso los que no habíamos nacido, también los que vivíamos a salvo de las informaciones que hablaban de la solución final. Todos lo sabían y, por eso Primo Levi —creo que fue él— sentenció con la frase más terrible de cuantas resumen el horror: Nunca nos perdonarán lo que nos hicieron. Nunca podremos perdonarles lo que les hicimos porque los judíos siempre nos recordarán lo que no fuimos capaces o, mejor, lo que no quisimos evitar. Pasaron de ser el pueblo deicida a convertirse en la prueba viviente de la mancha humana, de la indignidad, de la repulsión que sentimos hacia nuestra capacidad para observar e ignorar que lo imposible puede ocurrir mientras la banalidad de la vida sigue su curso.
Todos los sabíamos. Ese es el horror. Saberlo y no hacer nada es lo que marca la diferencia. Por eso el exterminio de millones de judíos es aún el tema de nuestro tiempo, por eso los procesos de Nuremberg o el que se siguió contra Adolf Eichmann, o el que hundió la reputación David Irving en su enfrentamiento dialéctico contra Deborah Lipstadt aún no han acabado. Falta que todos nosotros seamos procesados por la pretendida ignorancia que hizo que el gas siguiera alimentando los hornos crematorios.