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JOSÉ MARÍA GARCÍA RUIZ DE MORALES | JEFE DE INMUNOLOGÍA DEL HOSPITAL DE LEÓN
León

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En la penumbra en la que el virus nos ha sumergido durante 9 largos meses, la noticia adelantada por una multinacional farmacéutica de que su vacuna alcanza una eficacia de más del 90% en el estudio en fase III que están llevando a cabo debe servirnos para, al menos, hacernos esbozar una sonrisa. Es cierto que debemos de ser extremadamente cautelosos, pues son datos preliminares que aún no han sido evaluados de forma rigurosa por científicos independientes pero, si se confirman, sin duda serán algo más que esperanzadores. El inmenso esfuerzo colaborativo que están realizando los científicos de todo el mundo ha permitido que a día de hoy existan una decena de vacunas que, tras pasar por rigurosas fases preliminares, han sido autorizadas para avanzar a la fase III de investigación. Esta es la fase inmediatamente anterior a la aprobación para ser comercializada. Consiste, a grandes rasgos, en demostrar su eficacia y seguridad en un número muy elevado de voluntarios (decenas de miles), aunque de momento solo en adultos de un amplio rango de edades. Eficacia significa que induce en el organismo una respuesta inmune capaz de prevenir la infección en sujetos expuestos o, al menos, de disminuir de forma significativa la gravedad de la misma. La seguridad viene dada por la ausencia de efectos secundarios importantes. No debemos olvidar que, aunque las vacunas son seguras y son uno de los avances más decisivos en la historia de la medicina, pueden inducir efectos adversos conocidos o no. Por último, deberá analizarse en profundidad si es capaz de proteger a los individuos pertenecientes a los grupos que, en caso de ser infectados, presentan una mayor mortalidad y en especial a los ancianos.

Si la vacuna anunciada cumple estas tres premisas, estaremos ante un nuevo hito de la medicina. No solo porque permitirá a la humanidad retomar una vida «normal» sino porque se trataría de un avance científico de gran envergadura. La estrategia científica utilizada para su creación — vacuna de ARNm que instruye a las células del individuo para que produzcan las proteínas del virus y genere una respuesta inmune frente a ellas — nunca antes había sido empleada en ningún otro producto farmacéutico comercializado.

Pero el camino a recorrer aún es más largo de lo que todos desearíamos. Una cosa es que la vacuna exista y otra distinta es la capacidad para producirla en las cantidades necesarias y la capacidad para que se distribuya de forma equitativa por todo el mundo.

Jefe de Inmunología del Hospital de León

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