"Me acogí al supuesto de daño para mi salud mental; aunque no era cierto, era la única vía»

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León

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«Me acogí al supuesto de daño para mi salud mental, aunque no era verdad. Tenía claro que no podía ser. Lo conté en casa y fue mi padre conmigo; estuvo conmigo y con su sufrimiento». Ana tenía 20 años cuando tomó la decisión de abortar: «Hubiera sido cargar a mi madre con el chaval. Ni yo dudé ni me coaccionaron. Hubo disgusto y enfado», afirma. Corría el año 1987, apenas dos años antes se había despenalizado el aborto en España. En León ni de lejos se podía hacer. «Fui a un ginecólogo que era joven y me habló de la clínica Dator de Madrid. Tuve suerte en todos los sentidos, me sentí protegida y me lo pagaron porque evidentemente yo no tenía dinero. Fui una privilegiada en ese sentido». Cuando se despertó de la anestesia general, se encontró en una cama descansando. «Fue una relación esporádica y no iba a ser mi pareja. Con los años me planteé que no quería ser madre cuando me volví a quedar embarazada y tenía pareja estable. Por entonces ya existía la clínica Buenavista de León. La ley de plazos es lo adecuado, lo que no tiene claro es el consentimiento para las chicas de 16 y 17 años. Pero lo que «es delirante», afirma, es que un aborto como servicio sanitario público reconocido tenga que hacerse sí o sí en Valladolid porque en León no hay clínica concertada ni se hace en el hospital. «Respeto la objeción de conciencia pero es un servicio que hay que ofrecer», sostiene. Ana lamenta que el aborto siga siendo un tabú porque «la clase política masculina considera que no es algo que las mujeres debamos decidir», aunque «la que va a tener que arrostrar todo lo que supone la maternidad hasta que no cambien mucho las cosas», recalca. «Es una decisión privativa de la mujer, aunque esté bien que de vez en cuando salga un señor que entienda que abortar no es comer un chicle ni ir a tomar una cerveza. Deja una huella. Sé que mi madre no lo ha superado».

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