‘FIRST DATES’, ASÍ SE HACE EL AMOR

Da igual la orientación sexual, la pasta o los estudios, no importa que seas chico, chica o chique o que tengas 18 o 99 años, en ‘First Dates’ el éxito se resume en cuatro palabras: «Se han dicho sí». Cuando eso sucede, la sala donde curran los encargados de buscar los emparejamientos perfectos, estalla en un grito triunfal, como en la Nasa cuando despega un cohete

DR19P6F7-18-56-07-3.jpg

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Es la recompensa a largas horas de entrevistas, de cientos de llamadas y cástings telefónicos para recabar información y hacer un perfil de los ‘daters’ (como llaman a los que acuden a buscar el amor al programa), y de analizar todos esos datos para ‘maridarlos’ con la persona idónea en su primera cita a ciegas.

La mitad se dice sí y apuesta por un segundo cortejo, «un éxito, tal como está el mundo», opina Yolanda Martín, productora ejecutiva del programa más visto de Cuatro, 7,7% de share, y más de un millón de fieles.

Los espectadores que se asoman a las 21.45 al icónico restaurante ven un menú muy especial salpimentado de ‘síes’. Carlos Sobera, el ‘maitre’ con trabajo fijo en los siete años de emisión de ‘First Dates’, despliega sus artes de celestino para brindar una oportunidad al amor. Por el arqueo de sus cejas han pasado casi 17.000 comensales... ¡y siete bodas! Sobera lo ha visto todo, pero aún se sorprende. «Todos los días pasa algo».

Yolanda Martín dirige un equipo de un centenar de trabajadores, entre ellos un ejército de periodistas que se dedica a seleccionar a los ‘daters’, a elaborar un perfil con sus gustos, su personalidad y sus expectativas, y a buscarles su media naranja, el ligue perfecto, el ‘match’ (de hecho, ellos mismos se definen como ‘matcheadores’). Por temporada reciben miles de llamadas de solteros, pero los redactores de cásting también realizan una exhaustiva búsqueda por cuenta propia (desde residencias de mayores a centros juveniles de ocio) «para conseguir esa diversidad de comensales tan extraordinaria de nuestro restaurante», explica Yolanda.

Su mano derecha es Vanesa Ferreiro, directora de ‘First Dates’, que desde la sala de mandos y rodeada de un enjambre de pantallas, no pierde ojo al torrente de imágenes que recogen 35 cámaras robotizadas distribuidas por el restaurante. Ni un solo técnico pulula entre las mesas. Un enorme trabajo de producción selecciona los detalles más relevantes. No hay guión ni nada guionizado. Por no haber, no hay ni guionistas. «A nadie se le dice lo que tiene que hacer o decir».

Las grabaciones arrancan motores a las once de la mañana y terminan pasadas las tres de la tarde. De lunes a viernes se graban nueve cenas, aunque sólo se emiten cinco. Cada encuentro dura una hora y veinte, y el equipo de editores selecciona doce minutos repartidos en bocaditos de dos minutos que van saltando de mesa en mesa «para hacerlo más ligero». Estos vídeos, «cortos como los de TikTok», funcionan muy bien. «El éxito reside en la sencillez del producto, en que cada noche la gente se asoma desde su casa a ver cómo dos personas tienen una primera cita, así de sencillo, no hay más», dice Yolanda.

Para que salte la chispa y la cita no haga aguas resulta esencial el trabajo previo de los ‘matcheadores’. «Somos psicólogos de la vida», señala Amparo Feira, periodista al frente de un equipo que opera en la verdadera ‘cocina’ del programa, donde tratan de casar los ingredientes para que esa primera cena salga a pedir de boca. Es el objetivo último: entretenimiento y amor, una fórmula poderosa que sigue seduciendo a la audiencia 1.600 entregas después.

Una de las citas más tensas

«La anticita no se busca», asegura Yolanda, a pesar de ese 50% de fracasos, algunos de espanto como el que se hizo viral hace unos días cuando Med, un soltero arrogante y con cierto tufo machista, trató de dar lecciones a Luisa, una joven médico cubana. Pocos programas han vivido un momento tan tenso. Ni a propósito podía haber salido peor. «Si se ha hecho viral y sirve para que esos comportamientos no se repitan, estupendo», esgrime la productora, que prefiere quedarse con la «muchísima gente» que confía en ellos para encontrar el amor.

«Hemos adquirido tanta experiencia que podemos montar una agencia matrimonial», ilustra.

Cuando los ‘daters’ llegan a las puertas del restaurante, se sabe casi todo de su vida, su pasado sentimental, su pareja ideal o sus gustos musicales. «Intentamos encontrar una persona que encaje con lo que buscan. No hay una base científica, hay mucho más de palpitación», apunta Amparo. Y si se dicen «sí», el personal lo celebra como un gol. «Ahí nos venimos arriba todo el equipo; es un subidón», describe Vanesa.

No siempre hace falta esperar al final de la cena para saber que una pareja va a encajar como un guante. Basta el primer cruce de miradas para que estalle el flechazo. «Hay veces que entran por la puerta y ya sabemos que van a funcionar. Es pura química, lo ves y zas», resume la directora.

Carlos Sobera guarda grandes recuerdos de esos chispazos. Uno imborrable, el de una pareja con síndrome de Down. «En mi vida he visto una demostración de amor más sincera y espontánea, con una intensidad brutal. Ya la quisieran para sí los mejores guionistas de Hollywood».

Cargando contenidos...

Y por aclarar dudas, la productora ejecutiva niega que busquen parejas extravagantes para llamar la atención. «Por aquí pasan tu vecino, tu primo o el de la tienda de al lado», concluye Yolanda, con pareja estable desde hace 26 años, pero que tocaría a la puerta del restaurante «si se diera el caso». Porque si falla París siempre quedará ‘First Dates’.