Las dos familias del crimen de Paula contraponen las aristas de un drama

Los padres de la fallecida y del procesado defienden las figuras de sus hijos con suerte desigual

Fiscal, abogados y acusado, en la sesión de ayer. MAZ

León

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El crimen de Mansilla deja dos familias destrozadas. La de Paula, porque a su padre y a su hermano les tocó sentarse ayer a menos de dos metros del acusado de acabar con su vida, añadida a la condena de templar los nervios para no dejarse llevar por el impulso humano. Y también la del sospechoso, cuyo padre y hermana intentaron este miércoles justificar parte de los hechos.

Se le acumuló el trabajo a Muñiz Tejerina, el magistrado presidente del Tribunal del Jurado que en la Audiencia Provincial determinará si el sospechoso es culpable o no de la muerte de una joven de Mansilla de las Mulas a finales de abril de 2021, apuñalada por tres veces. El acusado reconoció el crimen a la Guardia Civil aquella noche, pero ahora ni se acuerda de haberlo dicho ni de haberlo hecho. Lo mismo ocurre con sus gentes cercanas, nadie recuerda que fueran pareja.

Así que los enfrentamientos fueron constantes entre las partes. Ante él fue la primera vez que el acusado se mostró apesadumbrado esta semana. «Empecé a conocerlo hasta que fueron pareja y pasó lo que pasó. Vino en Navidad con nuestra familia y también en Reyes. Mi hija me ocultaba lo que le estaba pasando». La sala se envolvió a esa hora en un silencio sepulcral. «Ya había tenido incidentes con este señor, pero no quiso que yo interviniera. La hermana de él le dijo que no le denunciara porque ya tenía otra denuncia anterior de otra chica y le meterían en la cárcel. Convenció a mi hija para que no lo hiciera». Paula «trataba de que no me enterase de nada. Al final estaba inquieta y nerviosa, era como un ángel y trataba de no disgustarme. Me propuse hablar con ella pero ya no me dio tiempo».

El procesado no miró ni una sola vez al padre de la víctima y tragó saliva constantemente. «Nunca vi drogarse a Paula, jamás en la vida». Creyó que sí eran pareja «porque querían comprarse una casa. Les vi convivir al principio. Este individuo me engañó pensé que era normal y resultó ser un asesino». Es su última frase. Luego el padre de Paula se levanta, evita mirar al acusado pero hace un medio giro y niega con la cabeza mientras musita algo interiormente.

Menos bucólico resultó el trance para el hermano de Paula. «¡Ojalá no lo hubiera conocido nunca!», dijo en referencia al acusado. «No hay ninguna duda de que este ser era la pareja de mi hermano, me parece indignante que se dude de eso». La familia «está destrozada, es muy duro vivir con esto toda la vida. Era infalible, maravillosa responsable, trabajadora y leal. Ella tenía su vida, su casa, sus perritos y todo el mundo la adoraba». Le relaja ahora pensar que el último día de la vida de Paula «fue muy feliz porque vio a su madre casarse con un buen hombre».

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Volvió la tensión en el turno de la defensa: «¡Que sepa que soy el hermano de la víctima, que sepa con quién está hablando!». El abogado le hacía ver la cantidad de cambios de destino de Paula. «¿Qué está insinuando usted?», responde irritadísimo el joven. El magistrado presidente pidió al testigo que depusiera su hostilidad hacia el defensor del asesino de su hermana. «Paula vivía libremente donde quería».