La señorita "tenía las mejores fincas" y poco dinero
Manuela Álvarez Morán, ahijada de la señorita de Benllera.
Manuela Álvarez Morán recuerda muy bien a la ‘señorita’, sobre todo en sus últimos años. «Traía un mandil atado siempre muy limpio», apunta. A doña Manuela le gustaba jugar a la baraja en casa y, sobre todo, ir a la iglesia. A la casona de Benllera iban a jugar a las cartas y a tomar el chocolate el maestro y el cura, don Vitorino.
En los últimos años no se dejaba ver mucho en el pueblo. «Para entrar en la capilla iba por la puerta de atrás», señala. Manuela se acuerda muy bien del carruaje con el que se desplazaba. Tiene grabada la imagen del vehículo aparcado en la carretera de Los Cubos, donde hoy está el Hospital de Regla, solar que ocupó la casa palacio de Guzmán El Bueno y que ahora luce la portada del palacio de Renedo de Valdetuéjar.
Manuela Álvarez de Miranda en su juventud.
«En el pueblo salía poco. Al balcón se asomaba el día del Corpus y el día de la fiesta», apunta Manuela. Recuerda cuando pagó la casa rectoral. El pueblo ayudó y ella «pagó los materiales". Trajeron piedras de la ermita de las Cuevas y mientras tanto alojó en su casa a don Julio Gutiérrez Frade», apostilla. La señorita tenía las mejores fincas. Sumaban 850 y muchas obras de arte, pero dinero, al final de sus días, tenía poco. «Había quien decía que era mala porque cobraba las rentas de los prados, vacas, ovejas..». Algunos, como Juan Antonio, venían a pagarle en burro.
Tras caerse y romperse la cadera se recluyó en León. Arregló el testamento en febrero de 1951 y el 27 de junio, falleció. El día de su entierro «vino mucha gente de León de categoría», que atendieron Manuela y las dos criadas, Ángeles y Leonides. Quedaron las deudas, que Matías y Lucio García Moliner devengaron de la herencia, y mucho lío con el testamento.