EXHUMACIÓN EN LA TERCIA

Carmen Rodríguez: «A mi abuelo lo fusilaron en Poladura y mi abuela fue presa en Saturrarán»

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León

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De Casares hay muertos por todas partes, decía un vecino de la comarca de la Tercía cuando se abrió la primera fosa franquista en Busdongo, en 2023. Un total de 14 personas han sido exhumadas entre las fosas de este pueblo, que fue capital del León republicano durante la Guerra Civil, y Aralla de Luna. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) busca a dos víctimas más a petición de sus descendientes.

Se trata de Aurelio Rodríguez Martínez, de 30 años, casado, afiliado a la UGT y que participó en las milicias republicanas, en la sección 1ª del Batallón número 2 de Asturias desde febrero de 1937, y de Daniel Rodríguez Martínez. casado y con seis hijos, afiliado a la CNT y al Sindicato de Obreros del Campo y también miliciano. Ambos eran vecinos de Casares y fueron fusilados extrajudicialmente por pistoleros afines a la Falange el 3 de marzo de 1938. 

No comparten apellidos no eran hermanos, pero tenían un cuñado común: Lorenzo Rodríguez Martínez, que fue fusilado con otro grupo de vecinos de Casares en octubre de 1937 en el paraje Matamala de Aralla de Luna. 

Carmen Rodríguez es nieta de Daniel y junto a sus hermanos e hijos está pendiente de que los restos de su abuelo se encuentren para enterrarlos en el cementerio junto a su padre. 

«Mi abuelo estaba escondido en casa, después de andar por el monte. Alguien sintió ruidos y le denunció». Es el motivo por el que hay unos meses de diferencia entre los crímenes de las fosas de Busdongo y Aralla y esta de Poladura, en el límite con Viadangos. 

De su mano subió muchas veces a visitar el lugar donde les dijeron que los habían matado. «Mi padre no quería sacarle de ahí porque el que los mató está en el cementerio. Pero nosotros sí y quiero que esté junto a él».

La represión en Casares de Arbas y la comarca fue brutal. Más de un centenar de personas sufrió persecución, cárcel o muerte tras caer el Frente Norte, entre septiembre y octubre de 1937, y ser ocupados por las tropas nacionales. La represión se multiplicó en las familias y se ensañó con las viudas y la descendencia de los asesinados.

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«A mi abuelo lo fusilaron y mi abuela estuvo presa en San Marcos y en Saturrarán», cuenta Carmen. La madre de Daniel, Benigna, se hizo cargo de la prole y la niña pequeña que Cesárea, la mujer de Daniel, se llevó consigo a la cárcel murió al poco de traerla al pueblo. Según le han contado, «decían que no estaba bautizada y no la quisieron enterrar en el camposanto». que ayer vivía el desencanto del vacío en las zanjas abiertas ayer por la ARMH. Hoy lo siguen intentando unos metros más abajo.