'Farlopa' o 'perreo': nuevas incorporaciones al diccionario por la RAE
Entre las novedades más comentadas destaca la llegada de bocachancla
Diccionario de la RAE.
La Real Academia Española ha vuelto a abrir las puertas de su "limpia, fija y da esplendor" para dejar entrar un aire fresco —y a veces algo gamberro— que sintoniza con el habla cotidiana de millones de personas. En esta última actualización de su Diccionario de la Lengua Española, la institución ha demostrado que no vive ajena a la realidad de las redes sociales ni a los modismos que han marcado las últimas décadas. La gran sorpresa de este lunes ha sido la inclusión de términos que llevábamos años usando en el bar o en Twitter, pero que hasta ahora carecían del "sello oficial" de los académicos.
Entre las novedades más comentadas destaca la llegada de bocachancla, ese término tan gráfico para definir a quien habla más de la cuenta o dice cosas sin sentido. Junto a ella, el léxico juvenil y generacional ha ganado peso con la entrada oficial de milenial, adaptando la grafía inglesa para referirse a los nacidos en las últimas décadas del siglo XX. No se han quedado fuera términos de la cultura popular urbana como farlopa, que finalmente encuentra su hueco en el diccionario tras décadas de uso extendido en el lenguaje coloquial para referirse a la cocaína.
El ámbito de la gastronomía y la salud también ha recibido refuerzos importantes. Ahora ya podemos escribir videojuego sin miedo a que el corrector nos mire mal, o hablar de un sinhogarismo que tristemente define una realidad social. En el plato, la RAE ha dado el visto bueno a la garúa o al baurú, demostrando que el español es un idioma global que se nutre constantemente de sus variantes americanas. Incluso conceptos modernos como criptomoneda, huella ecológica o geolocalizar han sido blindados como palabras de pleno derecho.
Esta actualización no es solo una lista de palabras curiosas, sino un reflejo de cómo la tecnología y los cambios sociales moldean nuestra forma de comunicarnos. La inclusión de términos como binario (en su acepción de género) o perreo muestra que la Academia está más dispuesta que nunca a documentar la lengua tal y como se habla, sin juicios de valor. Al final del día, el diccionario no es un museo de palabras muertas, sino un organismo vivo que hoy es un poco más bocachancla y mucho más real.