Khadija Amin, periodista afgana en León: «Luchamos para que el 'apartheid' de las mujeres en Afganistán sea delito de lesa humanidad»
La periodista afgana Khadija Amin, refugiada en España desde la toma del poder por los talibanes en agosto de 2021, es un ejemplo de las ansias de libertad de las mujeres de su país. Víctima de un matrimonio forzado con 19 años, se divorció y estudió mientras trabajaba. Hoy está León con la asociación Flora Tristán en una concentración (Botines 18.30 horas) y una charla en el ILC (19.00) para denunciar la discriminación y la pasividad de la comunidad internacional.
Khadija Ami quiere recordar cómo era cuando trabajaba como presentadora y reportera.
Tres horas antes de que los talibanes tomaran el poder en Kabul, la capital de Afganistán, el 15 de agosto de 2021, unas periodistas de la Televisión Pública comentaban que quizás algún día darían las noticias sin velo. Khadija Amin salió esa mañana a hacer un reportaje sobre la situación de los bancos, donde la gente hacía colas para sacar su dinero pues los talibanes ya tenían bajo su control las otras 33 provincias. Era «un día normal». No podía imaginar que tres horas más tarde sería expulsada del trabajo. «Había grabado los vídeos cuando sonó el teléfono y mi jefe me dijo que no podía volver», afirma.
Su vena de luchadora y de trabajadora le impidió cumplir la orden y quiso terminar su trabajo en el estudio. Pero aquel reportaje quedó incompleto. Khadija Amin, una mujer que desde niña sufrió la discriminación de las mujeres en su país y que fue obligada a casarse con 19 años, pero tuvo el coraje de divorciarse, pasó una semana encerrada en casa, pero desde su móvil y su ordenador no dejaron de salir mensajes contando lo que sucedía a otras colegas del mundo. Actualmente trabaja en una productora audiovisual, con la que ha hecho el documental 'Dónde están mis hijos' y en marzo sale a luz su libro 'Sin velo, una mujer libre en contra de los talibanes'. Es vocal de Reporteros sin Fronteras y ayuda a mujeres afganas con la asociación Esperanza de Libertad.
—¿Cómo logró salir de Afganistán en 2021?
—El día 21 de agosto de 2021 por la tarde una periodista española me llamó y me dijo que me querían trasladar a España. Salí corriendo y fue al aeropuerto donde los militares españoles me ayudaron a entrar.
—¿Qué apoyo recibió en España?
—Cuando llegué a España me recibió la ministra Margarita Robles. Fue muy chocante porque yo no sabía que podía haber una ministra de Defensa. Nos abrazó a una amiga y a mí y nos dio la bienvenida. Como veníamos como solicitantes de asilo estuve un año en Salamanca. Poco a poco aprendí español, me llamaban para entrevistas y empecé a luchar por nuestros derechos aquí.
—¿Cómo se convirtió en periodista y presentadora de televisión en su país?
—Yo estudiaba en una universidad privada, pero me obligaron a casarme cuando tenía 19 años. Después de esto, mi marido no me permitió ni estudiar ni trabajar. Durante seis años estuve en casa sin trabajar, sin estudiar, sin poder salir sola. Pero después del divorcio, decidí estudiar y empecé también a trabajar en diferentes medios, el último en la televisión nacional. Era mi sueño ser presentadora y reportera de televisión.
—Han pasado casi cinco años y casi han caído en el olvido para la comunidad internacional. ¿Qué debemos saber de lo que sucede en Afganistán con las mujeres?
—Luchamos para que el apartheid de género que viven las mujeres en Afganistán —20 millones de personas— sea reconocido como crimen de lesa humanidad. En mis charlas habló de cómo era Afganistán hace 50 años. Afganistán no era el país que todo el mundo piensa. Mi madre, cuando era joven, no llevaba velo ni burka. Era un país moderno donde las mujeres podían estudiar. Pero a lo largo de la historia cambió la situación y queremos que la gente lo entienda y apoye a las mujeres. No ya a nivel político, que no lo podemos tocar, necesitamos el apoyo social para apoyar y dar voz a las más de 20 millones de mujeres de Afganistán que están silenciadas. Necesitamos que todo el mundo escuche que, en este siglo, en un país asiático las niñas no pueden estudiar más que la Primaria. Con 11 o 12 años deben dejar de estudiar. El 15 de agosto de 2021 yo hablaba con mis amigas de que algún día daríamos las noticias sin velo, pero en tres horas ya no nos permitieron ni entrar en la oficina. Esto muestra cómo se pueden perder derechos. Tenemos que tener mucho cuidado y valorar las cosas que tenemos.
—¿Es una advertencia a lo que puede pasar a las mujeres de Occidente?
—Aunque nos parezca imposible que aquí pueda ocurrir algo así, he escuchado a algunos partidos que están contra las feministas. Yo no imaginaba que en los países europeos había estos discursos de odio a las mujeres y a los inmigrantes.
«Las mujeres afganas no salen de casa, no pueden estudiar ni hablar en público, hay más matrimonios infantiles forzados y suicidios»
—Salió usted sola, ¿su familia está en Afganistán?
—Mis padres pudieron salir a Holanda, donde están mis hermanos. Mis hijos no sé todavía dónde están, posiblemente en Alemania. En Afganistán solo tengo a mi hermana, pero todas las mujeres afganas son como mi familia. Al principio me sentía culpable de haber salido, lo hizo por sobrevivir; pero ahora digo que hice algo bueno porque puedo ayudarlas desde aquí.
—¿Quiere decir que sus hijos los tiene su padre y no puede verlos?
—En Afganistán, desafortunadamente, la madre no puede tener la custodia y los niños están con el padre. Pero él ha falsificado los documentos y la madre aparece como fallecida. Ahora tengo que encontrarlos y demostrar que soy su madre con una prueba de ADN. Por eso he grabado un documental que saldrá este mes en Movistar Plus y se titula '¿Dónde están mis hijos?'.
—Debe ser muy duro por lo que está pasando con sus hijos.
—Hay días que no quiero levantarme de la cama. Mi país, mis hijos, las mujeres, estar aquí... Si tuviera la nacionalidad española podrían apoyarme desde España, pero de momento no la he conseguido, así que espero que el gobierno español me conceda la nacionalidad.
—¿Está en contacto con mujeres que viven en Afganistán?
—Sí, tenemos una asociación que se llama Esperanza de Libertad y estamos en contacto con muchas mujeres en grupos de Whatsapp. No pueden salir a la calle. Nos envían vídeos, fotos. Hacen manifestaciones de manera clandestina. Tienen una vida que no podemos imaginar los que estamos fuera. Cada vez hay más restricciones. A los talibanes les da igual lo que sufran las mujeres. Sólo trabajan las que son médicos, pero nos preocupa que ya no pueden estudiar más mujeres. Los hombres no pueden atender a las mujeres y no vamos a tener médicas ni ginecólogas porque no las dejan estudiar. Están aumentando los matrimonios forzados infantiles, las familias las entregan porque es una manera de tener recursos para mantenerse; muchas mujeres se suicidan porque no ven salida y están cansadas. La comunidad internacional nos está olvidando y no hace nada por las mujeres afganas.
—¿Cuál es el motivo de ese abandono después de tanto interés en las mujeres afganas y en Afganistán?
—Afganistán es un país estratégico en el corazón de Asia para atacar Irán, Paskistán, Rusia o China. Además, el opio es un negocio. Pero ahora les da igual. Cuando Estados Unidos vino en 2001, tras el atentado del 11-M, no vino a liberar a las mujeres, sino porque tenía miedo tras lo de las torres gemelas. Vino a Afganistán en busca de Bin Laden, que era de Arabia Saudí y se metió allí. Después de 20 años firman un acuerdo con los talibanes, que siempre han tenido el apoyo de Estados Unidos.