OTRA MIRADA
Nocedo, 26
A mitad de los años 50, en 1953, Luis Aparicio Guisasola proyectó este edificio de viviendas para Antonio Alonso Muñiz en un solar achaflanado en la Avda. de Nocedo y cuyas obras llevó a cabo con Rutilio Fernández Llamazares como aparejador. Edificio con estructura de muros de carga sobre cimientos de hormigón bajo una cubierta de armaduras de madera de chopo y teja curva del país. Sin sótano. La planta baja para un almacén accesible por la Avda. de Nocedo, dos pequeñas viviendas, las carboneras al fondo, un patio interior, y el portal en el eje del chaflán con su escalera para subir a tres plantas para 9 viviendas (3 por planta: una hacia el chaflán completamente exterior y las otras dos en los laterales, entre la calle y el patio de luces). Aparicio dispuso las fachadas armonizando el revoco con el ladrillo, simétricas y tripartitas. Basamento con el hueco del almacén en un extremo, las ventanas de las viviendas y una sencilla portada axial en el chaflan con las jambas dibujadas bajo arco de medio punto y clave destacada. Entre dos impostas, el segundo orden de ladrillo en tono oscuro aparejado a tizón que exhibe hileras enmarcadas, vanos sobre repisas, claves resaltadas y entrepaños cajeados. Y arriba el tercer orden, también revocado, con vanos recortados sobre las mismas repisas, y una cornisa escalonada que enlaza tres cuerpos en voladizo a modo de miradores de obra con amplios ventanales y pretiles metálicos sobre lineales alfeizares que recorren la fachada bajo discretos frontis ornamentales que coronan y enfatizan la composición… El inmueble manifiesta con precisión la evolución de la obra de Luis Aparicio en los años 50 donde, ciertamente, todavía no apreciamos una depuración formal cercana a los presupuestos del Movimiento Moderno, pero tampoco nos parece una obra anclada en los historicismos monumentales favorecidos por el franquismo… Muestra significativa de aquella arquitectura cotidiana que configuró gran parte de la imagen urbana de León a mitad del siglo XX: una arquitectura discreta, técnicamente convencional y formalmente contenida, cuya calidad reside en la proporción, la claridad compositiva y la adecuada respuesta a las condiciones del lugar. En este sentido, más que una obra excepcional, es un valioso testimonio de la normalización arquitectónica de la ciudad en los primeros años del crecimiento económico de posguerra.