El enigma detrás del eclipse que deslumbró a León
La observación de la corona solar al completo es un fenómeno único para la ciencia que no pueden igualar los eclipses artificiales
Un grupo de personas observa el eclipse desde la Sobarriba, en León.
Un minuto y 45 segundos se esfuman como el agua en una ceranda. Miles de personas —unas 46.500 personas en León de 135.000 en la Comunidad solo en puntos controlados— vivieron esos instantes, por primera vez, como un acontecimiento único, tan esperado que la sorpresa tenía difícil impresionar. Y sin embargo, lo hizo.
León fue un punto neurálgico mundial de un fenómeno que, más allá de su belleza, para la ciencia es una oportunidad única de captar imágenes. La corona solar, una zona que solo es visible, de forma natural, cuando se produce este acontecimiento astronómico por el que la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra, es el gran enigma que la ciencia persigue desvelar.
La gran incógnita, después de siglos, es por qué la corona solar tiene una temperatura de entre 1 y 3 millones de grados centígrados, 200 veces superior a la fotosfera. «La pregunta es cómo es posible que tenga una temperatura tan alta respecto a la fotosfera, que se sitúa en unos 5.000 grados centígrados», comenta Juan Ángel Vaquerizo, astrofísico y divulgador científico de la ESA.
Montaje de la secuencia del eclipse desde la Sobarriba.
Detrás de este misterio lleva tres décadas la física y astrónoma sirio-americana Shadia Habbal que en esta ocasión ha situado sus bases de operaciones en Burgos. Un equipo de especialistas en astrofísica, ingeniería y divulgación recorren el mundo tras los eclipses solares totales para descifrar estos misterios.
El eclipse del 12 de agosto de 2026 es el número 21 desde que en 1995 inició el proyecto Solar Wind Sherpas. Durante los casi dos minutos de totalidad han realizado más de 200 fotos, a razón de tres fotos por segundo, apunta Danilo Torres, el coordinador logístico.
La foto final del eclipse tardará meses en mostrar el eclipse entero, ya que hay que realizar un proceso de superposición de imágenes laborioso. Además, el equipo cuenta con un espectómetro, un aparato diseñado expresamente para la captación de la luz de la corona. «La luz que recibimos es la que conocemos como blanca y este aparato la divide en colores cada uno de los cuales va asociado a una temperatura y esta nos habla de un elemento químico», explica Torres. Estas observaciones proporcionan información sobre la evolución de cualquier movimiento ondulatorio del plasma a medida que este se propaga hacia el exterior.
La corona solar durante la totalidad en una foto de la expedición Solar Wind Sherpas.
Mucho más tardarán en obtenerse las aportaciones científicas, pues el proceso requiere de una labor minuciosa de análisis y proceso de datos. «Los eclipses suponen una gran operación de marketing para el país donde se producen, pero las instituciones tanto públicas como privadas muestran poco interés en el trabajo de investigación de la observación directa", precisa.
Los programas que se desarrollan para crear eclipses artificiales, como el Space Weather, de la ESA, no son comparables a la observación in situ. «No hay nada que pueda igualarlo», apunta el equipo de la doctora Habbal, vinculada a la Universidad de Hawai y a otras europeas.
«El ocultador artificial —el equivalente a la Luna— tiene que ser más grande que el Sol, mientras que la Luna tiene un tamaño aparente de la misma dimensión que el Sol», añade. La consecuencia: los eclipses artificiales no muestran la corona interna. «En el mejor de los casos, abarca medio radio solar. Por consiguiente, resultan insuficientes para situar las estructuras observadas en el contexto de la corona en expansión, desde la superficie solar hasta el espacio interplanetario", recalca.
«Cada expedición es una oportunidad única para estudiar la corona solar, descubrir los secretos del viento solar y compartir el asombro que despiertan estos excepcionales fenómenos celestes», explican desde el proyecto Solar Wind Sherpas.
La doctora Habbal, a la derecha, con miembros de su equipo miran por un telescopio.
El equipo de la doctora Habbal ya tiene reservado varios lugares en la franja mediterránea para el eclipse de 2027, que tendrá una duración de más de seis minutos en países como Egipto. En España situarán una de sus bases en Tarifa, otra tendrán en Túnez y posiblemente una más en Arabia Saudí.
El eclipse del 12 de agosto de 2026 ha funcionado como «calentamiento» de un acontecimiento astronómico de mayor envergadura. «El de 2027 será el eclipse con totalidad más larga en 80 años en el mundo», alega Solar Wind Sherpas.
El proyecto busca financiación pública o privada para poder contar con más analistas y procesadores de datos que puedan acelerar los resultados de sus investigaciones. Lo que se mueve en la corona solar es determinante para la seguridad de los satélites y, por tanto, para la tecnología que se usa a diario en la sociedad actual. Esta es una de las aplicaciones prácticas, además del conocimiento científico.
El equipo de la doctora Shadia Habbal, de Solar Wind Sherpas.