OTRA MIRADA
Bernardo del Carpio, 16
C/ Bernardo del Carpio, nº 16.
León, agosto de 1944. Ramón Cañas del Río y Juan Torbado Franco proyectaron esta casa de renta para Emilia Fernández en un solar entre medianeras de la Calle Bernardo del Carpio, cuyas obras dirigieron con Mariano González Flórez como aparejador. Levantaron el inmueble con estructura portante de muros de ladrillo macizo. Excavaron un sótano para refugio antiaéreo “de acuerdo con las normas establecidas por la disposición oficial correspondiente” y lo construyeron con robustas paredes y losas de hormigón capaces de resistir las elevadas sobrecargas previstas. Concibieron la planta baja para dos tiendas a ambos lados de un portal con escalera de tres tramos para subir a la planta principal con una gran vivienda y dos niveles más con 4 pisos -2 por planta- distribuidos por largos pasillos entre la calle, un patio interior y otro posterior. Dispusieron el alzado a la calle simétrico y tripartito. Basamento con los regulares huecos de las tiendas flanqueando una delicada portada escalonada con tragaluz en arco y clave realzada, hoy destrozada por el caprichoso escaparatismo local… y por la ignorancia; problemática frecuente en la arquitectura residencial histórica, cuya protección patrimonial suele ser insuficiente, pese a su interés documental. El segundo orden con dos frentes laterales de ladrillo visto aparejado a tizón con las juntas rehundidas, abriendo vanos encadenados entre paños revocados en hileras verticales enmarcadas y rematadas en arco de medio punto con clave resaltada. En el eje, un gran lienzo, también estucado, desplegando ventanas cuyos alfeizares y dinteles aparecen vinculados a un machón con pilastra resaltada a modo de espina dorsal ¡muy Decó! ascendiendo por la fachada hasta alcanzar el cornisamento que remata la composición... Obra representativa de un momento de transición decisivo en la arquitectura española, cuando los arquitectos debían elegir, casi negociar, entre las experiencias modernas prebélicas y las exigencias ideológicas de la nueva situación política. Su principal valor radica precisamente en esa condición híbrida que convierte al edificio en un testimonio elocuente de la incertidumbre estilística propia de la posguerra: ni plenamente racionalista-decó, ni completamente historicista, sino expresión de aquella cultura arquitectónica que todavía conservaba la memoria de la añorada modernidad de los años treinta.
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