El estadounidense Paul Lauterbur y el británico Peter Mansfield son reconocidos por la academia

El Nobel de Medicina recae en los padres de la resonancia magnética

El método de diagnóstico es uno de los más comunes de la actividad hospitalaria

El doctor en Química, Paul Lauterbur

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colpisa | estocolmo

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El estadounidense Paul Lauterbur y el británico Peter Mansfield han sido galardonados con el Premio Nobel de Medicina del 2003 por su contribución al desarrollo de uno de los métodos diagnósticos más extendidos en la actividad hospitalaria: la resonancia magnética. El Instituto Karolinska de Estocolmo, que concede el galardón, premia así los descubrimientos que ambos hicieron en la década de los setenta, gracias a los cuales la resonancia magnética pudo empezar a usarse para observar diferentes estructuras de los órganos internos. Lauterbur y Mansfield compartirán el premio, dotado con 10 millones de coronas suecas (1,11 millones de euros). Sus hallazgos hicieron posible el desarrollo de la moderna visión por resonancia magnética, todo ello sin causar daños al paciente. Al ser una técnica no invasiva, al contrario que los rayos X, reduce extraordinariamente los riesgos y la incomodidad para el paciente. Durante el 2002 se realizaron 60 millones de exámenes con este sistema mediante 22.000 cámaras existentes en todo el mundo. Paul Lauterbur, nacido en 1929 en Urbana, Illinois (Estados Unidos), descubrió la posibilidad de desarrollar imágenes bidimensionales con esta técnica, introduciendo gradientes de campo magnético, una técnica que consiste en superponer al campo magnético estático espacialmente uniforme un segundo campo magnético más débil que varía de posición de forma controlada. De este modo, analizando las características de las ondas emitidas, pudo determinar su origen, lo que permitió construir imágenes bidimensionales de estructuras que no podían verse de otro modo. Peter Mansfield, nacido en 1933 en Nottingham, Reino Unido, impulsó el desarrollo de gradientes de campo magnético. Mostró cómo las señales podían analizarse matemáticamente, abriendo la puerta al desarrollo de una técnica útil de visualización. La tecnología fue aplicada a la medicina una década después. La resonancia magnética se basa en el hecho de que los núcleos atómicos, cuando se sitúan en un campo magnético, rotan con una frecuencia que depende de la fuerza del campo, y su energía puede aumentarse si absorben ondas de radio en la misma frecuencia (o resonancia). Cuando los núcleos vuelven a su nivel de energía inicial, emiten ondas de radio. Las aplicaciones médicas de la resonancia magnética se basan en el agua contenida en el cuerpo humano, que representa alrededor de dos tercios del peso total. La proporción de agua es diferente en los distintos tejidos y órganos y, en muchas enfermedades, el proceso patológico se traduce en cambios en el contenido de agua que quedan reflejados en resonancia, A partir de las ondas emitidas, un complejo proceso informático permite construir una imagen tridimensional que muestra la estructura química de los tejidos, incluyendo las diferencias en el contenido de agua.

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