Superó la prueba
NO SIN notable alivio para algunos, quedó atrás el «vendaval Letizia», que trajo consigo un extraordinario caudal de informaciones e historias de la futura esposa del Príncipe don Felipe y Reina de España, doña Letizia Ortiz. Uno tiene siempre el temor de que alguien sometido a esa clase de presión de público y crítica, y expuesto a tan considerable calor de los focos de atención, no pueda terminar achicharrado, o tenga la tentación de escapar a un desierto o un prado, ambos desiertos e ignotos. Todavía llegarán nuevos frutos de otras «investigaciones» con más historias de hace dos, cuatro, seis, ocho años, con toda probabilidad, que nos terminarán de recrear con toda minuciosidad la vida y milagros de la «villana, divorciada y periodista» aspirante al trono de España. Y sin embargo, las encuestas proporcionan un resultado feliz: apenas un nueve por ciento ve inconveniente en que Letizia esté divorciada, y por el contrario, el 67 por ciento de los españoles y el 84 por ciento de las españolas aprueban la boda, el 63 por ciento cree que fortalecerá a la Casa Real y el 84 por ciento entiende que será una buena reina. Y como ha observado un analista político, gracias a la Operación Letizia, el Príncipe y la monarquía han alcanzado las más altas cotas de popularidad, después de que el Príncipe se hubiera convertido en una primera fuente de incertidumbre de la continuidad monárquica. Superada por doña Letizia la primera prueba de fuego, es previsible que lleguen otras más, y que también vayan siendo sorteadas felizmente. Hay cenizos y envidiosos, pero la mayoría de los ciudadanos sólo desea felicidad y buena ventura a la pareja... Quienes saben del oficio de Princesa y Reina consorte ya han señalado los deberes por hacer: recibirá las primeras clases de protocolo y de historia de España y de las familias reales. Dicen los observadores que deberá corregir el movimiento constante que hace con la cabeza o con la mano para quitarse el pelo de la cara. Y ya se ha elaborado todo un decálogo de mandamientos que deberá cumplir en su nueva condición: puntualidad, ser diplomática, capacidad de aguante, comportamiento social adecuado, ser natural y espontánea, conocer las normas de protocolo, conocer el tratamiento con autoridades, conocer los lugares que visita, estar al día de la actualidad, vestir sobria, elegante y sencilla. No será fácil que se aburra en su nuevo oficio.