Las lluvias torrenciales se cobran la vida de cinco personas en Francia

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María Esperanza Suárez - corresponsal | parís
León

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Montpellier se quedó ayer prácticamente aislada del resto del mundo mientras en Marsella aparecía un nuevo cadáver con el descenso de las aguas. Las lluvias torrenciales han provocado al menos cinco muertos desde que el lunes se desatara en el Mediterráneo francés un fenómeno similar a la «gota fría» levantina, con efectos agravados por la aridez del suelo tras el calor extremo de este verano. Una auténtica tromba descargó ayer sobre Montpellier más de la mitad del agua que la ciudad está acostumbrada a recibir en todo un año. Las carreteras quedaron cortadas, los aeropuertos cerrados y el tráfico ferroviario, interrumpido. El fuerte viento del sureste dificultó durante horas la evacuación al mar del Ródano, lo que aceleró su desbordamiento. Los diques de contención que protegen a las poblaciones de la desembocadura están al límite. No muy lejos, en las proximidades de Nimes, mas de 10.000 personas fueron evacuadas ante la rapidez de la crecida de los cauces de la zona. Un poco más al norte, en la cuenca del Loira, la inundación de una potabilizadora dejaba sin agua corriente a 4.000 personas. El gobierno francés ha anunciado ya una primera ayuda de doce millones de euros y  ha movilizado al ejército, que ha intervenido para rescatar con helicópteros a familias enteras atrapadas en sus viviendas. El presidente de la República, Jacques Chirac, no quiso esta vez que nadie le acusara de indiferencia como ante las más  de 11.000 víctimas de la canícula del verano. Ayer se sumaba por sorpresa al viaje a la zona afectada programado por la ministra de Medioambiente y el titular de Interior para  prometer a los damnificados  la solidaridad nacional y anunciar la inmediata declaración de zona catastrófica. La alerta  se mantenía anoche en 11 departamentos  del sur de Francia, con anuncio de ráfagas de viento  de 150 kilómetros por hora. El portaviones Clemenceau, que espera el desguace en el puerto de Toulon, no pudo soportarlo y los remolcadores tuvieron  que recuperarlo  a la deriva.

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