Biólogos españoles describen las «rutas del viento» que dispersan las plantas

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F. González - león
León

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Un grupo de científicos españoles, bajo la dirección del biólogo del CSIC, Jesús Muñoz, ha publicado un estudio en el que se demuestra la influencia dispersora del viento para el transporte a gran distancia de plantas y animales. La investigación se centró en el enigma que suponía que hubiera flora muy semejante en áreas geográficas tan distantes como Nueva Zelanda y Sudáfrica. Hasta ahora, la explicación que se daba era que se trataba de especies que ya vivían hace más de 130 millones de años cuando el mundo era todavía un supercontinente unido (Gondwana) que compartía la misma flora y fauna. Si esa hipótesis fuese cierta, significaría que las especies no han evolucionado y, además, no se podría explicar cómo aparecen especies comunes en las islas oceánicas, que son de origen volcánico y han emanado de las profundidades. Según los biólogos españoles, la respuesta a la presencia de las mismas especies en zonas diferentes se debe a que están muy bien comunicadas por las que han dado en llamar «autopistas del viento». En el estudio se analizaron las semejanzas entre 1.851 especies de musgos, hepáticas, líquenes y helechos que crecen en 27 lugares distantes del sur de África y América, Australia, Antártida y Nueva Zelanda, así como en decenas de islas del hemisferio sur. Ayudados por los datos recogidos por satélites lograron 139 pares de mapas donde pueden apreciarse los distintos niveles de facilidad y dificultad con los que una partícula podía desplazarse utilizando las corrientes de viento. De esta forma, han podido dibujar 27 «autopistas» en las que han soltado esporas y han visto donde las lleva el viento encontrando cosas tan sorprendentes como que la isla MacQuiarie (Nueva Zelanda), separada por 7.500 kilómetros de Tierra de Fuego, compartía con ella más especies que con la isla de Norfolk, que se encuentra a «sólo» unos 2.500 kilómetros. La siguiente fase será comprobar el parecido genético. Según el equipo investigador, estos mapas pueden tener diversas aplicaciones prácticas, como la previsión de posibles dispersiones de plagas y patógenos, qué puede pasar en una situación de cambio global, o qué áreas pueden ser colonizadas y con qué flora.

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