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JOSÉ-ROMÁN FLECHA ANDRÉS
León

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«LOS últimos serán los primeros¿rdblquote Con esta o parecida formulación, esta frase se ha hecho célebre. Te la suelta el vecino que hace cola junto a ti y se ve beneficiado por un salto en la espera. Se oye en los banquetes, cuando los camareros empiezan a servir por el final. Alguna vez deberíamos aplicar esta máxima al campo de la educación. Estaría bien que los alumnos menos aventajados pudieran ser premiados a final de curso entre los primeros de la clases. Es un desafío para ellos y para sus educadores Por otra parte, deberíamos entender que esas personas a las que calificamos como «minusválidas» están por delante de muchos de nosotros en cuanto a sensibilidad, afecto y percepción de lo justo. No es justo relegarlos al puesto de «los últimos». La frasecita en cuestión podría tener un alcance sociológico más amplio y revolucionario. Nos alegraría que los pueblos que ocupan los últimos lugares en la escala del desarrollo pudieran alguna vez llegar a ocupar puestos más adelantados. La fe y las obras Pues bien, en nuestra olvidadiza sociedad muchos no recuerdan que la frase fue pronunciada por Jesús: «Hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos» (Lc 13,30). En sus labios, tenía un sentido religioso de tono profético. Veía Él que los destinatarios de la alianza divina no vivían en coherencia con ella. Y preveía que llegarían otros pueblos que daría frutos de fe y de buenas obras. A dos mil años de distancia, la profecía de Isaías parece cumplirse con puntualidad. Países y continentes tradicionalmente cristianos reniegan públicamente de sus raíces, mientras otras gentes, aparentemente más lejanas, dan testimonio de sus creencias. Por cierto, muchas de éstas personas creyentes viven en tierras políticamente democráticas y socialmente muy avanzadas. Es un fenómeno que hemos podido constatar muchas veces. Llamada y respuesta También hoy, las palabras del Señor interpelan a los cristianos de toda la vida para que, cerrados en su orgullo, no pierdan el don de la fe que generosamente les fue entregado. En el evangelio de San Lucas, las palabras sobre los primeros y los últimos son una llamada a la humildad y la responsabilidad. De hecho están precedidas por un diálogo entre los que llaman a la puerta y el Señor que les responde desde dentro: ¿ «Señor, ábrenos». Es la oración de los que, a fin de cuentas, pretenden ser admitidos en la morada que les ha sido prometida. Con ella admiten que la salvación es un don gratuito del Señor. Y reconocen que todos sus esfuerzos eran vanos si no logran la meta final de la gloria. ¿ «No sé quiénes sois». Es la respuesta del Señor a los que han ignorado su mensaje de salvación y de gracia. Para los que lo han ignorado voluntariamente, también esta respuesta les resultará indiferente. Pero no deja de significar el fracaso de la existencia. - Padre nuestro, que, en tu Hijo Jesucristo nos has elegido y amado, no permitas que nos separemos de ti durante esta vida y, al final del camino, acógenos misericordioso en tu intimidad y tu gloria. Amén.

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