CRÉMER CONTRA CRÉMER
¿Españas a la carta?
CONQUE AL FIN, después de varios atentados para mover la voluntad del Presidente gobernante, el Jefe de la Santa Oposición, que para eso está, consiguió ser recibido en Palacio. Fue una entrevista, no por anunciada menos sugestiva, de una duración aproximada a los sesenta minutos por todos los relojes. Como debe ser bien sabido, en política una reunión de una hora entre personajes principales, según dicen los afortunados pertenecientes a sus respectivos centros de análisis y decisión, es un acontecimiento. El Papa, como santo ejemplo, otorga la gracia de sus entrevistas por plazos muy limitados. Y un cuarto de hora vaticano es ya para el que consigue disfrutarlo, un honor ¿qué digo un honor? Un hecho santificante. Y por no apartarnos del calendario, un minuto en la Basílica de Santiago de Compostela merece la concesión del Jubileo, que es tanto como una garantía para el cielo. Pues dados estos datos, si el ilustre huésped del Palacio concede a su leal oposición una entrevista de una hora, es porque algo grave necesita ser examinado con lupa hasta ver de encontrar la feliz solución necesaria. Porque lo que no cabe duda en nadie es que España necesita soluciones. Problemas les tiene, y no pequeños ni baratos, como por ejemplo podrían ser y son el paro que se aproxima a los dos millones o la inmigración que amenaza con disolver las esencias de la raza en el ácido nucleico del mestizaje. Convencidos, pues, de esta urgencia nacional, el señor Presidente de la Moncloa, aceptó recibir, con la consabida sonrisa y el apretón de manos en la escalera frente a las cámaras, al ilustre gallego, señor Rajoy, jefe de la oposición que conviene hacer para el mejor entendimiento entre las partes. Al cabo del encuentro entre los dos políticos, se llegó a la conclusión, un tanto confundidora, de que si bien la plática resultó educada, demostrativa del buen talante de cada uno de los dialogantes, el señor Rajoy, frunciendo el ceño, y dejando escapar un hilo de ironía en sus explicaciones se adelantó a declarar que si bien el diálogo había sido correcto, «no he podido despejar mis recelos, que si preocupado acudía a la cita, más preocupado salí de ella». Las palabras del señor Rajoy han levantado un clamor pues todos, o cuando menos una gran parte de la ciudadanía esperaba de este diálogo los perfiles cabales para el modelo de Estado que se está persiguiendo, sin que se presuman soluciones... Lo cual inevitablemente, suscita en el hombre de la calle y en la mujer de la cesta de la compra -las que figuran en las Revistas de modas, aunque sean ministras, ¿van a la compra con la cesta?- suscita decía, una interrogante angustiosa: ¿Cuál es entonces el modelo de Estado que se nos está amasando? O más singularmente: ¿Qué clase de España es la que nos reservan los padres de la patria? Porque lo que se está cociendo en esta santa cocina, pese a los telones, las bambalinas, los cartones y las músicas con que se intenta montar el espectáculo, no es tanto convencernos de la utilidad de la tecnología de última generación, como de que se nos descubra el perfil siquiera de la España que nos van a servir. ¿A la carta?