Varias víctimas recurrirán al Supremo porque el Estado no pagará las indemnizaciones

Condenan al «asesino de la baraja» a 142 años y tres meses de cárcel

Con el Código Penal en vigor Alfredo Galán cumpliría en prisión un total de 25 años

Alfredo Galán tras salir de la cárcel de Puertollano en el 2003

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l.f. | madrid
León

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Alfredo Galán Sotillo es el asesino de la baraja. Así lo certificó ayer la Sección Decimosexta de la Audiencia Provincial de Madrid en la sentencia en la que impone al ex militar 142 años y tres meses de cárcel por seis asesinados consumados y otros tres que se quedaron en sólo tentativas. El fallo satisfizo a los defensores de las víctimas, aunque varios de ellos anunciaron recursos ante el Supremo porque el Estado ha sido exonerado de hacer frente al pago de las indemnizaciones impuestas al condenado. La pena impuesta a Alfredo Galán es una de las más duras dictadas por un tribunal español por delitos comunes. Con el Código Penal en vigor, que es por el que ha sido condenado, el asesino de la barajapodría pasar en la cárcel unos 25 años, lapso inusual salvo en el caso de los condenados por delitos de terrorismo. «Desprecio a la vida humana» Para ello, el tribunal ha impuesto a Alfredo Galán las penas en su grado más elevado, dado el «manifiesto desprecio a la vida humana» con el que actuó y la «la alarma social y desasosiego que los hechos produjeron en su momento». La propia redacción de la sentencia deja traslucir la pauta de actuación del condenado: «el día 24 de enero del 2003, Alfredo Galán salió por la mañana de su domicilio sito en Alcalá de Henares y a bordo de su vehículo se dirigió al centro de Madrid con la idea de que si encontraba una condición favorable mataría a una persona». La encontró, y asesinó a Juan Francisco Ledesma Ledesma, portero de una finca urbana de Madrid, en presencia de su hijo de dos años. Entre aquel día y el 18 de marzo del mismo año murieron asesinadas cinco personas más. Otras tres salvaron su vida de manera casi milagrosa, porque la pistola se encasquilló en el momento oportuno o porque los tiros recibidos no alcanzaron órganos vitales. En cuatro de los cadáveres, Galán dejó un naipe (el as, dos, tres y cuatro de copas) de la misma baraja y marcado con un punto azul en su reverso, lo que dio continuidad a la sucesión de crímenes e hizo aparecer el fantasma del asesino en serie. El sobresalto ciudadano en la Comunidad de Madrid no cesó hasta que, el 3 de julio, el ex militar se entregó a la Policía Local de Puerto Llano (Ciudad Real) y confesó sus crímenes. Aquella confesión, reiterada después ante la Guardia Civil y el juez de guardia de Puerto Llano, es la prueba en la que se apoya la sentencia para condenarle. Alfredo Galán se retractó después ante el Juzgado de Instrucción 10 de Madrid y guardó silencio durante el juicio.

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