León

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EL PRÓXIMO 17 de abril, gane quien gane, será una fecha histórica en el País Vasco. En el Parlamento que salga elegido no se sentarán terroristas ni personas directamente vinculadas a ETA. Sólo por eso hay que aplaudir la decisión del Tribunal Supremo. Los diputados, especialmente los del PSOE y los del PP, no tendrán que mirar a los ojos a personas directamente responsables de la muerte de compañeros y amigos suyos ni tendrán que ver en su mirada la amenaza de que el siguiente sea uno de ellos. Podrán sentirse libres para defender los intereses de los ciudadanos. Podrán hablar democráticamente de todos los problemas del pueblo vasco. Incluso del principal problema del pueblo vasco: ETA y sus cómplices, sus apoyos, sus defensores. El próximo 17 de abril, a ETA y a sus aledaños se les cerrará la más importantes fuente de reconocimiento y una de las principales de financiación y de captación de fondos. No recibirán dinero procedente de los impuestos que pagan los ciudadanos ni ese dinero servirá para el chantaje, para la extorsión y para la defensa de los asesinos. Y si el grifo se corta (ese, y otros consecuencia de ese) será mucho más difícil mantener a la camada de violentos y de terroristas. Cada vez habrá menos dinero para sufragar la dependencia de los encarcelados, de los huídos, de los liberados... de los que viven de ese entramado político-económico que se mantiene con las finanzas de ETA. De los que viven del dinero de la muerte. El próximo 17 de abril tampoco podrán aprovechar ya los escaños para la inmunidad ni para la impunidad. Ellos no estarán allí. Ese Parlamento será más libre y más democrático. Es sólo un paso, porque el entramado de ETA es enormemente fuerte. Pero si, a partir de ese momento, los diputados elegidos por los vascos son capaces de hablar de un futuro sin violencia, sin terrorismo, donde esté garantizado que nadie puede sentirse amenazado por nadie... entonces el 17 de abril será una fecha para la historia. No será el final de la violencia, pero puede significar la posibilidad de hablar en serio del futuro. Los ciudadanos y los dirigentes vascos tienen que elegir entre dar una lección de inteligencia y de moderación o caminar hacia el abismo. Nunca se ha estado tan cerca de ambas posibilidades. El 17 de abril es la fecha.

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