Benedicto XVI reitera que el matrimonio es el de hombre y mujer y no rechaza la pena de muerte
La Iglesia defiende la desobediencia civil y condena la inseminación artificial
El nuevo catecismo no reconoce los matrimonios civiles de divorciados Comienza en Roma el proces
El cardenal Ruini abrió ayer el proceso de beatificación de Juan Pablo II
El llamado Compendio del catecismo católico, la primera revisión en forma de síntesis desde la última gran actualización del texto en 1992, fue presentada ayer en Roma y no ofrece novedades, salvo la de constatar que la doctrina sobre los aspectos más debatidos continúa siendo la misma. Como se había anunciado, este volumen es sólo un resumen que recupera la fórmula de pregunta y respuesta, con 598 cuestiones, para «proponer un diálogo ideal entre el maestro y el discípulo y favorecer la eventual memorización». Se trata del «texto de referencia seguro y auténtico» para los católicos, un vademécum de los principios de la fe. Esta síntesis ha sido elaborada durante más de dos años por una comisión que presidió el propio Ratzinger, antes de ser elegido Papa. De hecho, firma la introducción con su nombre de pila y correcciones de última hora han deslizado un error, pues está fechada el 20 de marzo, 13 días antes de la muerte de Juan Pablo II, y el texto se refiere a Wojtyla como pontífice de «venerada memoria». Como documento de doctrina es el más importante promulgado hasta ahora por Benedicto XVI. Pena de muerte y aborto El texto reitera que no hay salvación fuera de la Iglesia católica y certifica la existencia del cielo, el infierno y el juicio final, del que «sólo Dios conoce el día y la hora». Establece la supremacía de la llamada ley natural, que «no todos perciben con igual claridad a causa del pecado». En este sentido, el cristiano debe considerar a las autoridades civiles «como representantes de Dios», pagar sus impuestos, votar y servir a la patria, pero debe desobedecer cuando las leyes «se oponen a las exigencias del orden moral». El catecismo permite la legítima defensa, justifica la guerra en algunos casos, pero no condena explícitamente la pena de muerte: «Los casos de su absoluta necesidad son muy raros, si no prácticamente inexistentes». En cambio sí prohíbe taxativamente el aborto y la eutanasia, aunque está en contra del «ensañamiento terapéutico». El único anticonceptivo admitido es «la continencia periódica y el recurso a los periodos infecundos» dentro del matrimonio. La Iglesia afirma que «no existe el derecho a tener un hijo» y considera «inmoral» la inseminación y la fecundación artificial. También censura el uso de embriones. Sólo admite la separación y prohíbe comulgar a los divorciados que se hayan vuelto a casar. Tampoco reconoce los matrimonios civiles de los divorciados. Considera los «actos homosexuales» como un vicio, al mismo nivel de la violación o la prostitución. También prohíbe «el acto sexual antes o fuera del matrimonio» y afirma que «las autoridades deben crear un ambiente favorable a la castidad». Se deben evitar el «culto al cuerpo», las drogas y el abuso de alcohol y tabaco. Y en cuanto a los animales, se deben tratar bien «sin caer en el amor excesivo».