Grada-borroka
NIÑATOS de idea-pedo y con el tarro escuadrado, gilis con vocación de chiris y nenes góticos de caligrafía nazi se desgañitan con pancartas gamadas y consignas en la grada de polideportivos embanderados o de un estadio «Antonio Mealivia» donde jamás se vio, grada que es el diván donde se psicoanalizan los tontos a los que riñe su mujer, gente que va de grandona despotricando y camuflando entre la masa su altanería cobarde con un grito, si no subvencionado, consentido o jaleado desde las tribunas que presiden y gobiernan los graderíos del voto y la pasión de frontera. Lo sucedido entre el llamado Frente Leonés y una peña burgalesa delata un turbio nacionalismo futbolero que ha acabado enseñando su oreja boba y decididamente criminal, oreja que es la hoja de una navaja, junto a la otra oreja judicial que ha venializado la salvajada poniendo en la calle a quien ya ha demostrado que su condición de asesino sólo depende de puntería, es decir, que en vez de dar puñaladas en el culo, las aseste al pie de la aorta. Lo despreciable de esta gente, sin embargo, no es tanto su inclinación patológica a la violencia fascista, de cuyo catecismo maman la simpleza mental y xenófoba, sino la vulgaridad que exhiben en su baratura provinciana al copiar de otros estadios y actitudes nacionalistas esos frentes guerreros de nenes malcriados con los que apuntalan un imperialismo cazurro que daría pura risa si no viniera envuelto en navajazos y tutorías proteccionistas de directivos o concejalines pispos, cosa que es de preocupar y que exige un procesamiento público, ya que no de estrado y por la vía penal. ¡Tolerancia cero! La cosa empezó como broma exótica: mira los ultras del frente qué bronca les están montando. Estas cosas suelen divertir al que se guarda tras la sebe. Pero crecen. De la insolencia sonreída se pasa al jueguecito de puñales; del puñal, al agravio colectivo; y del agravio, a la guerra abierta en todo frente, pues lo piden y proclaman, un frente, una trinchera, tiro limpio. Estos imbéciles hijos de un panzapego acabarán en su total ausencia de personalidad copiando también lo de aquel comando ultrasur de los madridistas que estampó en el Bernabeu una gigantesca pintada que decía «Dios mío», en grande, y debajo «¡qué hostias damos!». Pues que les den.