Publicado por
Antonio Núñez
León

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PARA PRESIDIR un país no es sufiente con sentarse en un sillón y que automáticamente se le supongan a uno todas las virtudes inherentes al cargo como decía el Nobel economista americano John Kenneth Galbraith de los últimos ejecutivos que presidieron la General Motors llevándola a la ruina. Sin llegar a tanto podría decirse en España que nos conformaríamos con que nos gobernaran políticos inútiles que no valen para otra cosa a falta de salidas profesionales. Pero se les debería exigir, como mínimo, que no rompan nada y tener una vaga idea, en Plan Logse, de lo que presiden, algo que los del bachillerato antiguo echamos de menos. Cuando de jóvenes criticábamos la ineficacia del régimen franquista en La Bañeza, que es mi pueblo, circulaba un chiste según el cual cierto paisano de Regueras, que cae al lado, fue a la estación del tren a sacar un billete para Pekín. Eran los tiempos en los que aún se creía en la utopía del comunismo y que detrás del telón de acero ataban los perros con longanizas. «Buenas», dijo el de Regueras en la ventanilla, «quiero uno para la China en segunda clase». «Sólo le puedo dar hasta Hendaya», contestó el ferroviario, «y luego coge usted otro tren para Francia, hace trasbordo en Alemania, al llegar a Rusia saca billete para el Transiberiano, enlaza en Vladivostok y de allí a Shangai coge el de cercanías, porque es un paso». Dicen que el de Regueras llegó como pudo a su destino, pero llegó. Y en el viaje de vuelta se dispuso no menos pacientemente a desandar el camino. «Buenas», le dijo al de la ventanilla, «quiero un billete para España». «¿Para qué parte?», inquirió el otro. «A León», respondió el paisano. «León capital?». «No, para la provincia de La Bañeza». «¿Se apea allí?». «No, en Regueras?». A lo que el chino, ya amarillo de puro cabreado, acabó preguntando: «¿pero de Arriba o de Abajo?». Con 1.200 millones de habitantes comparados con 44 millones de españoles no tienen en China ni la mitad de los problemas que tiene Zapatero con los vascos y catalanes. Allí todos son iguales y punto, hasta el extremo de que te asomas a Hong-Kong, ves pasar a los chinos, los cuentas y no sabes si son miles o el mismo chino que pasa miles de veces. Pero saben a dónde van, cosa que no puede decirse a ciencia cierta del presidente de aquí, el cual se limita a decir a todos «que pasen» por La Moncloa, les invita con idéntica sonrisa que el camarero del restaurante chino de mi calle y les da gato por liebre. La única diferencia es que paga el Gobierno. A la hora de escribir estas líneas se desconoce aún cómo va el Estatut, que se estaba cociendo para ayer, o, por lo menos, no se conoce la letra menuda. Es de temer que nos engañen otra vez como a chinos, otro prejuicio occidental visto cómo proliferan aquí las tiendas de todo a cien y lo poco que duran los paraguas y los relojes marca Fu-Man-Chú. Hay quien piensa que el Estatut -a Zapatero le parece barato y el Plan Ibarretxe también está de oferta- no tiene ni media legislatura de garantía y, encima, viene sin pilas, que habrá que recargar cada poco con dinero de los Presupuestos Generales del Estado, pacientemente y de veinte en veinte duros. Cree Zapatero haber inventado la pólvora al dar a vascos y catalanes el monopolio de lenguas e impuestos en sus respectivos pueblos para tenerlos sujetos y que le sigan votando en el Congreso contra el PP. Craso error. Lo que le salen son fuegos artificiales ya conocidos desde los tiempos de Marco Polo, tan viajado o más que el ministro Moratinos y que, como embajador, tuvo la sutil habilidad de que nunca le estallara un petardo entre las manos. El día menos pensado no se podrá decir lo mismo de nuestra diplomacia con el gringo Bush. De todas formas debería darse un garbeo por Pekín, como el paisano de Regueras, con la comodidad que da ahora el Alsa para plantarse allí sin trasbordos, aunque, eso sí, pasando por toda la UE, la extinta Yugoslavia, la Ucrania de los Yakolev , Chechenia, la de la alianza del Islam a bombazos, y así todo seguido hasta China. Bono, el de Defensa, le puede hacer de cicerone, procurando que Moratinos se apee antes de llegar a Ulan-Bator, porque le pierden las querencias mongolas. Como viaje de estudios, además de mantener a los dos lejos, sería muy instructivo: comprender cómo se mantiene unida durante dos mil años una nación que se entiende en jeroglíficos -ni siquiera en catalán- los cuales, casi nunca coinciden, como el chino mandarín o el cantonés. Se le recomienda a Rajoy, por lo que le espera, la lectura pausada del famoso libro de Julio Verne «Tribulaciones de un chino en China». Mientras fuma un farias, por ejemplo. Aunque hasta eso se ha puesto difícil ahora.

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