CORNADA DE LOBO
Catalogando
TIENE enunciada don Suárez -Josemari en sus ochenta- una aguda sugerente catalogación de las paisanas de esta tierra mujerona y, como está planteada en ese crónico diminutivo con el que aquí calificamos las cosas o las gentes, pues no resulta mayormente cínico o agraviante, sino tierno y familiar. Se «arrecordó» de cinco o seis de esos estereotipos y aquí se apunta el menda a embutir otros por ampliar lista y abrir turno y voz para quien quiera seguir completando el entrañable retablo. Se empieza por la A, claro está, y asoma en primer plano la abrigadina , que tiene sus diferencias con la abrochadina (si una es friolera de trasero o mente, la otra es pudibunda e indesnudable, cosa que en no pocos casos se agradece) y ambas se funden en la arreciadina . Está después la agachadina (malo, oiga, que la que se agazapa y no es por pudor o compostura, es que está ensayando algún mal salto o sorpresa). Le siguen la agarradina , que no suelta perra o prenda y hasta el saludo le cuesta... o la arrimadina que es sigilosa en apuntarse a lo que convenga sin escuchar la sabia conseja cazurra del «a donde no te llaman, qué coños te quedrán». Amanecen después saltando por el abecedario tipos tan universales como la bobina (ay, bobina, no veas tú cómo te engaña el alcalde). Tan universal como ella es la fatina , que ye la fata-fata, pero aliviada de memez. En su antípoda se encuentra la curiosina , mujer parecida a la arregladina , pero sumándole a esta todo un cuévano de trabajos o atenciones y mimando su derredor («es más curiosina que un cacharrín con asas», se dice); tiene una subespecie con sus peculiaridades, que es la miradina , tan atenta siempre ella. La recogidina , sin embargo, es otra cosa, siempre en su orden y no dando que hablar. Dejando a un lado a tontinas , sueltinas y el cupo gordo de sabihondinas , quizá el más sugestivo y rotundo título en este gran teatro del mujerío cazurro sea el de repugnantina (se lo oí por primera vez a un magistrado montañés; «¿Mi mujer?... curiosa, trabajadora y limpia como la que más, pero repugnantina como todas»). Por empatar lo que tenga de agravio esta relación, diré que vale exactamente para los paisanos, a los que, aplicando estas mismas calificaciones, salen sin embargo más demoledoramente retratados. Y habrá que hacerlo.