CORNADA DE LOBO
Paco Pópulus
A LAS SEÑORAS paisanas de derechas les infunde cierto respeto y admiración don Francisco Vázquez, a quien todiós llama Paco... y a él le encanta, porque así está en la cocina de tocristo y como de casa. Don Francisco Vázquez sabe más que nadie del voto familiar y de la cuna que lo arrulla; es más listo que un doctor en filatelia y más gallego que el granito que dibuja la Galicia entera. Es socialista de siempre, o sea, de después de Franco, porque antes, en el antifranquismo, todos eran del pecé o de cosas raras, pero eran tres, exactamente tres, los que se te definían como socialistas o se atrevían a enseñarte con disimulo su periódico clandestino «El Socialista en el interior», lo que solía provocar automáticamente escojonación entre la peña, más escandalosamente aún entre troskistas, maoístas, leninistas, estalinistas, revisionistas, estajanovistas de la construcción, cenetistas y otros chanetas de sindicato y dictadura del proletariado que poblaban las mil y una familias del rojerío leído y picudo. A don Francisco le supongo ya socialista con Franco porque parece demostrar coherencia y una inquebrantable fe de rajatabla inspirada en los tres catecismos rojos: el ideológico, el político y la novena de san Roque... porque un trozo gordo de pueblo va a novenas, que por eso son muy importantes para el político al salto, más aún para quien se pinta de rojo, porque ¿conoce alguien a un solo alcalde socialista que no haya presidido un porrón de procesiones, misas, tedeums y solemnidades litúrgicas de basílica o aldea después de haber despotricado contra el opio del pueblo y los meapilas?... Incluso fomentan y pagan beaterías votivas, o sea, con votos. Empero, hay diferencias: sólo don Francisco y dos más tienen coraje, dignidad o carácter para proclamar públicamente sus creencias, prácticas y principios cristianos (o católicos) que hacen conciliar con su fe (o ideario, si lo hubiere) socialista. Por eso donVázquez es Paco Pópulus, un pacopueblo al que vimos vestido de grillo con chaqué y un medallero en la solapa, teñido de pelo y lamido por la vaca de la laca, presentando la credencial al Papa. Los pacopueblo, cuando de van de boda o credencial, exageran el vestir y el adorno, cosa disculpable y legítima, aunque saludar al Papa con un exagerado rodillazo podrá hacerlo en audiencia privada, pero jamás cuando es un estado a quien representa.