Uno de los principales obstáculos es el desconocimiento social del concepto de muerte cardíaca

Los especialistas reclaman más donaciones de órganos vivos

La principal fuente de órganos en España sigue siendo los accidentes de tráfico

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Manu Mediavilla - boston
León

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Aun siendo líder internacional en donación de órganos, España comparte la preocupación de los responsables sanitarios de todo el mundo por reducir al mínimo las listas de espera para los distintos tipos de injerto. El Congreso Mundial de Trasplantes, que ha reunido en Boston a 6.000 especialistas de 85 países, ha pasado revista a los principales cambios en ese ámbito, donde la disminución de las donaciones de cadáver (en el caso hispano, consecuencia indirecta de la reducción de muertes por accidente de tráfico) puede ser compensada con donaciones de vivo, sobre todo para riñón e hígado, o con las realizadas tras muerte cardiaca. La principal fuente de órganos en España siguen siendo las donaciones de cadáver, que rozan ya su techo tras los avances médicos que han permitido aprovechar órganos de donantes de mayor edad y tras el éxito de las campañas para recortar aún más las ya reducidas negativas familiares. La donación de vivo, en cambio, se mantiene en un nivel bajo, en torno al 5%, cuando en países como Suiza llega ya al 50%. En este contexto, y con el telón de fondo de la siniestralidad viaria felizmente en descenso, la donación a corazón parado se dibuja como una alternativa para aumentar el número de órganos para trasplante, La clave está en una aplicación médica más frecuente del criterio de muerte cardiaca en lugar del tradicional de muerte cerebral, lo que, según explicó en Boston el cirujano Anthony D'Alessandro, de la Universidad de Wisconsin, podría incrementar en hasta un 25% los órganos disponibles. Dos problemas claves Antes, sin embargo, hay dos problemas claves a superar. El primero, el amplio desconocimiento social del concepto de muerte cardiaca, que puede hacer pensar, equivocadamente, que queda algo de vida en la persona en esa situación o que su fallecimiento ha sido declarado de forma prematura. Esa percepción errónea puede alimentar reticencias a dar el consentimiento para la donación, pese a que, como remarcó D'Alessandro, las garantías médicas son absolutas. Según el experto, una vez verificado el deseo de donación, correspondería al médico que atiende al paciente que sufre la muerte cardiaca -momento en el que el corazón se para, pero otros órganos todavía funcionan- la retirada de los aparatos que hasta entonces lo mantenían con vida artificial y la declaración de fallecimiento tras asegurarse de que no es posible la «autorrecuperación» cardiaca. No ha habido nunca, remachó, un caso de corazón que haya vuelto a latir tras dos minutos de muerte cardiaca. Por otra parte, añadió, ningún miembro del equipo de trasplantes participaría en la decisión de desconectar los citados aparatos ni estaría presente en el momento del deceso.

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