Cosas de aquí
La primavera de san Antón
Las temperaturas tibias que han recibido al 2007 alteran los ciclos naturales de los cultivos y causan fenómenos inusuales en invierno, como el brote de yemas en los árboles frutales
Sólo el refranero popular ofrece una explicación razonable para el último capricho meteorológico de adelantar a enero las condiciones climáticas que suelen darse en León en las últimas semanas de marzo, como poco: que al invierno nunca lo come el lobo resulta este año menos gratuito que nunca. «Ojalá», opinan los campesinos, tan inquietos por la novedad de encontrarse a las cuatro de la tarde con 17 grados de temperatura (12 de enero del 2007) como por las posibles consecuencias que la alteración climatológica traslade a los cultivos. Preocupa el desarrollo que presentan ahora los cultivos; y alarma la posibilidad de que el frío, tal y como prevé el refranero popular, se presente tarde y con resultado catastrófico para las cosechas. Enero, todo este invierno por extensión, se ha empeñado en ratificar el avance meteorológico que señala al 2007 como el año más cálido. «Nos sobra dedos para contar las heladas que ha habido por aquí hasta ahora; y las que ha habido han sido suaves, no se han acercado ni con mucho a las pelonas que ya habían caído por esta zona otros años por año nuevo», indica un ganadero de la montaña leonesa, que subraya que las temperaturas, la escasez de precipitaciones de nieve, ha liberado al sector de tareas habituales en esta estación anual: «No hace falta recoger los rebaños; muchos años en octubre ya ha hecho más frío que ahora», señala. En el campo leonés se observan otras consecuencias -que el medio rural prefiere indentificar como secuelas- de este dominio de termómetros tibios que en círculos científicos se ha bautizado como cambio climático. Engañados por temperaturas poco agresivas, las copas de los árboles comienzan a granar yemas y un ramaje de un color muy diferente al grisáceo que solía dominar al recibir los días del año nuevo. Se disponen a brotar especies tempraneras similares al sauce o los ramajes que plagan los sotos; pero también los frutales que cada año avanzan el paso de la estación invernal a la primaveral; perales, cirujales o higueras. «Eso va a adelantar la floración y puede que llegue febrero y se hielen en plena yema de flor», explica el agricultor Matías Llorente, que defiende que este fenómeno que hace que las flores rompan en plena época invernal se trata más de un espacio corto de tiempo que de un cambio climático total. Para despejar dudas se ofrece el refranero, que ya avisa de que cuando marzo mayea, mayo marcea. El problema es que no hay antecedentes de que enero marcee.