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VICTORIANO CRÉMER
León

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SOLAMENTE DE MANERA humorística o de modo sorprendente para quienes ignoren las más mínimas y funciones específicas del polígrafo, un aparato cuasi mágico, digo que solamente a modo de juego burlesco o ante el juez, puede el hombre común, pueda y deba aceptar, el discurso del polígrafo. En algunas comisarías de cierto empaque, se hace uso del polígrafo para ver de sonsacar al delincuente aquellos datos que se esconden en la llamada intimidad, precisamente para sacar a la superficie los delitos ocultos., y los delincuentes escondidos. Es, diríamos al modo de la investigación que se suele utilizar, un modo de ocultar la verdad ante la investigación tradicional. Salvo para quienes reacción forzada el polígrafo no se solía utilizar sino para el descubrimiento de secretos enterrados entre la bruma de la memoria o el uso de la mentira para confundir las investigaciones. No digamos que el uso del polígrafo sea un modo ilegal o alevoso, pero sí que conviene usar del artilugio con cuidado y entendido de la responsabilidad. Del polígrafo apenas si se había permitido usar porque generalmente se entendía que encubría motivos vitales que debieran estar ocultos cuando no son usados para la satisfacción de unas medidas de indagación para el descubrimiento total, en un tiempo limitado, de un delito. En mi diccionario personal se aclara que poligrafía, es el «arte de escribir por diversos modos secretos, de manera que lo escrito resulte ininteligible para quien no sepa descifrarlo». Diríamos que se trata o puede tratarse de una cierta forma de «romaní» o de «caló» lenguaje de las germanías para ocultar a la Policía la planificación de sus planes ocultos. Esto era al parecer, hasta no hace mucho, lo que cabría decir del polígrafo, sus usos y sus malas costumbres. Porque desde que la sociedad española se sintió subversiva, indecente y deslenguada al modo de una sociedad de celestinas, el polígrafo guardaba sus buenas formas y solamente cuando el delito o la indecencia aparecía, se la escapaba del cajón del comisario para que este comparta la investigación, mediante la colaboración del dichoso aparato. La televisión española, haciendo uso de los poderes que sin duda se le confieren mediante contrato ha roto los velos del templo y ha conseguido mediante el uso hasta la saciedad del dichoso polígrafo poner ante los ojos y el entendimiento de la suciedad que los españoles nos enteremos de todas las libertades pornográficas que cabe imaginar. La escasez de talento, de imaginación y aún de casual humor negro para tener pegados a sus pantallas respectivas a quienes han hecho de lo mediocre, de lo sucio, de lo bajo y vil un lenguaje, unas imágenes de náusea. Al principio fue una estación o como haya que llamarla, luego a la envidia se montaron tantos centros de indagación pornográfica como permitieron las bolsas que las emisoras pudieran ante la codiciosa porquería emanada de estas mujeres y estos hombres, casteados con golfas y colipoterras. Surgen preguntas que son como explosiones de mal gusto y el mundo sigue andando y la pantalla española se cubre de mierda. ¿Por qué no se regula el uso del polígrafo, como se impide mear en la calle?

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