La sobrepesca y la contaminación han acabado con el 90% de los grandes peces
Si no se pone freno a la presión pesquera que se ejerce en los océanos, todas las especies de grandes peces como atún, bonito, bacalao, mero, raya y pez espada, de los que se pescan más de 90 millones de toneladas al año, seguirán el camino de los dinosaurios y la humanidad se enfrentará a un colapso inminente de los ecosistemas marinos. Así de apocalíptico se ha expresado el oceanógrafo de la universidad estadounidense de California, Jeremy Jackson, tras recibir el Premio Fundación BBVA a la Conservación de la Biodiversidad. En los mares sólo queda el 10% de la biomasa de estos grandes predadores y su declive, además de amenazar a los pescadores que viven de sus capturas y al resto de la fauna marina, puede provocar una reorganización de los ecosistemas oceánicos de consecuencias globales desconocidas. Según Jackson, la sobreexplotación de los recursos pesqueros y la degradación de los ecosistemas marinos por los vertidos «han convertido al mar en el servicio de la civilización y la extinción de las especies». Para ilustrar esta afirmación, puso como ejemplo los 120.000 euros que se llegan a pagar en los mercados japoneses por un atún rojo, especie en peligro de extinción cuya población ha descendido en más del 80% en loas tres últimas décadas. El científico denunció también que el área del fondo marino arrasada por la pesca de arrastre es comparable a la superficie forestal talada por el ser humano a lo largo de la historia. Además, la desaparición de hábitats costeros únicos, como praderas submarinas, bosques de manglar o arrecifes de coral, es de cuatro a diez veces más rápida que la de las selvas tropicales. Los expertos recuerdan que la pérdida de biodiversidad mina la resistencia de los ecosistemas marinos ante enfermedades, así como su capacidad para filtrar contaminantes y recuperarse de impactos como el de la sobrepesca y el calentamiento global. Por otro lado, los ecosistemas costeros degradados se vuelven vulnerables a especies invasoras, enfermedades, y mareas de algas tóxicas, por lo que los riesgos para la salud humana también aumentan. Sólo una gestión basada en el ecosistema será capaz de restaurar la biodiversidad marina y evitará los riesgos que afectan a la provisión global de alimentos, la calidad del agua costera, y la estabilidad de los ecosistemas. Este modelo incluiría la gestión de pesquerías integrada, el control de la contaminación, la preservación de hábitats esenciales, y la creación de reservas marinas.