CORNADA DE LOBO
Compasivo
LAS TRAGEDIAS de Navidad son un cuento... con látigo y moraleja. Los más entrañables y espesos cuentos navideños los escribió Dickens porque los enladrillaba con pobres de solemnidad y avaros corrupios marinados en la mezquindad de su siglo, que resulta ser la misma de este. En sus cuentos es el amor y los sueños los que redimen a sus personajes de la pobreza moral o la desgracia. Pero ¿quién se atrevería hoy a contar un cuento o un latigazo navideño con esa madre de Gerona que prologó su Navidad matando a sus dos criaturas de cuatro y nueve años y también a sí misma?... La trama de su drama comenzó a escribirse hace unos meses cuando su marido murió en un accidente de tráfico; con cuarenta y tantos, flor de vida plena. Esa mujer debió conocer lo que pesa un cielo entero cuando se cae encima aplastándole la cara contra una lápida en la que Dante podría escribir «aquí yace toda esperanza». Desde entonces, sin duda, no tuvo ganas más que de morirse... y de ahorrarles a sus criaturas la desdicha de una orfandad negra o la angustia de una casa sin jornal y ya sin risas, la existencia arrastrada de quien se sabe en un vacío perpetuo. Esa mujer debió conocer fatalmente dos cosas: lo que es en el vientre un vacío demoledor primero y devastador después; y la locura que nace de un dolor gigante que cruza el pecho y de allí no sale porque es el fondo de un pozo hondísimo en el que no se respira. Y, después, cubicó la soledad infinita; debió sentirse irremisiblemente sola. Y muy perdida, sin fuerzas ni ganas de orientarse; y sin ver siquiera senda o salida en el bosque de los sueños ni en lo blanco de las noches de piedra. Todas estas suposiciones las dan por ciertas los psicólogos y los penalistas que califican este trágico suceso como de «homicidio compasivo». Nunca había oído esta expresión; y es tan impactante como el mismo caso, «asesinato compasivo», como quien mata a un animal herido para ahorrarle su agonía. Nació la matanza de estas dos criaturas de la inmensa ofuscación y del disparate cerebral, pero no del crimen por el que la juzgarían y condenarían si hubiera sobrevivido a su tragedia. Así que ni tú ni yo nos pondremos toga en este asunto. Y si algunos aseguran que los tribunales celestiales la remitirán a los infiernos, es que tienen un Dios mezquino y de bolsillo. 1396927554