Según el Barómetro Sanitario 2007, el 67% de los españoles está satisfecho con estos servicios | Crónica | Según el informe de «Save the Children» |

La sanidad pública gana confianza pese al aumento de las listas de espera Acusan a China de ser ejemplo del abuso de niños deportistas

La buena labor de los servicios básicos y la profesionalidad de los sanitarios son los más recon

a una de las sedes olimpicas

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Mateo Balín David Valera - madrid madrid
León

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Notable raspado. Esta es la nota que los ciudadanos han dado al funcionamiento del Sistema Nacional de Salud, aquejado en los últimos tiempos por la deriva privatizadora de algunos servicios internos. Según el Barómetro Sanitario 2007, que se elabora cada dos años, el 67% de los españoles está satisfecho con la marcha de la sanidad pública, a la que puntúan un 6,3, dos décimas más que en el último informe. El contrapunto, sin embargo, sigue siendo las listas de espera, donde crece una percepción de descontento real: los datos oficiales indican que ha aumentado a 74 días el plazo para las operaciones más comunes. Los ciudadanos encuestados - unos 6.000 por el Centro de Investigaciones Sociológicas- fraguan su confianza en la sanidad pública por la buena labor de los servicios básicos (atención primaria, urgencias, pediatría y hospitalización), la tecnología disponible y la profesionalidad de la clase sanitaria. Esta última se lleva la palma con una muestra de confianza superior al resto: un 85% para los médicos, 84,4% para los enfermeros y 78,5% para el personal sanitario. A este cúmulo de factores se une la alta percepción de que el sistema público garantiza la seguridad del paciente (ronda el 90%), la flexibilidad para acudir a un centro sanitario de otra autonomía o el boto de apoyo que sigue proporcionado todo lo relacionado con lo público frente a lo privado. Salvo en las consultas especializadas, dos de cada tres usuarios creen que es mejor la atención primaria, los ingresos hospitalarios y las urgencias de los centros de titularidad autonómica. No obstante, este parecer de los ciudadanos es un tanto paradójico, ya que si hay algo que los propios profesionales vienen denunciando en los últimos años es la progresiva privatización de la sanidad pública, lo que provoca -aseguran- un empeoramiento de los servicios básicos. Esta crítica proviene, sobre todo, de la clase médica de las Comunidades gobernadas por el Partido Popular, como Madrid o Valencia. El único borrón que dan los usuarios al Sistema Nacional de Salud son las listas de espera. En los dos últimos años el descontento ha crecido, a pesar de que los ciudadanos creen que ha mejorado levemente la acción de las administraciones. Tres de cada diez niños sufre graves riesgos en el deporte de competición, según denunció ayer la organización internacional «Save the children». Pero el país que se lleva la palma en la explotación de sus jóvenes estrellas es China, anfitrión de los próximos Juegos Olímpicos. Esta ONG acusa al gigante asiático de violar los derechos de los más pequeños. Los menores no reciben una buena educación, son sometidos a entrenamientos durísimos, el amparo legal es mínimo y las ayudas para una posterior reinserción en la sociedad tras abandonar el deporte profesional son nulas. Unas prácticas que tienen menos de 30 años de vigor. La andadura olímpica de China comenzó en la cita de Los Ángeles¿84 donde logró 32 medallas. Desde entonces la progresión fue en aumento hasta llegar a los 63 metales (32 oros, 17 platas y 14 bronces) conseguidos en Atenas hace cuatro años. Según la ONG, este impresionante palmarés se produce a costa de la salud de los jóvenes atletas. La odisea arranca cuando los deportistas superan las pruebas de selección. Les espera ocho horas diarias de exigentes entrenamientos, seis días a la semana. El método de preparación que usan ciertos entrenadores según explica el informe «supera los límites mínimos humanamente tolerables». En 2005, el británico Matthew Pinset, campeón olímpico de remo, visitó las escuelas de deporte chinas y comprobó cómo algunos preparadores pegaban a los atletas. Otro de los aspectos que destaca el estudio «Niños en competición» es la incompatibilidad entre el deporte y la educación. «Los entrenamientos diarios no dejan mucho tiempo para los estudios», se apunta en el informe. Además, la falta de preparación académica dificulta la incorporación posterior al mundo laboral.

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