Cosas de aquí | Contienda acuífera

Borrachera de H20 en Molina

El frío no consiguió aguar el festejo y cientos de jóvenes abarrotaron ayer la plaza y calles de la localidad para celebrar un año más la tradicional fiesta del agua

Uno de los participantes cae al suelo después de recibir un calderazo de agua

Publicado por
Silvia Ramos - ponferrada
Ponferrada

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Aunque ayer el frío quiso quitarle protagonismo a la tradicional fiesta del agua en Molinaseca, las ganas de diversión calentaron los ánimos de los cientos de jóvenes que no querían perderse una de las fiestas más famosas del Bierzo. El agua del río Meruelo volvió a inundar las calles convirtiendo la villa en una auténtica piscina. La ronda de bodegas por los veinte locales que discurren por el casco antiguo del pueblo sirvió para que los participantes fueran cogiendo fuerzas para aguantar una noche que para algunos, se convierte en la más larga del año. En pleno mes de agosto la imagen parecía diciembre. Jóvenes provistos de chaquetas, jerséis e incluso botas. Los más atrevidos no se resignaron al frío y lucían sus mejores galas veraniegas. Todo era factible para pasar una de las noches más divertidas y esperadas del año. Las calles del pueblo se convirtieron en un auténtico hervidero de gente, un punto de encuentro entre antiguos amigos y también de jóvenes que, entusiasmados, acudían por primera vez a la cita. La tradicional chocolatada, además de reanudar ánimos, sirvió también para que muchos comprobaran que su talento con el disparo permanecía intacto desde el año pasado. Vasos de chocolate volaron al auténtico estilo guerrillero, aunque todo era válido para ir entrenando y calentado motores para lo que se avecinaba. A las 9.00 horas, los más atrevidos dejaron sus calderos en la orilla del Meruelo y ni cortos ni perezosos se zambulleron en el río y emprendieron allí sus propias guerras acuáticas. Poco después, unos tímidos calderos ponían en peligro a los más inexpertos aunque, pasado unos minutos, grupos de jóvenes, conocedores de la aventura, llegaban provistos de todas las herramientas necesarias: bañador, chanclas, calderos, pistolas de agua y demás armas acuíferas. La contienda era ya un hecho. La calle real de la villa se inundó con el agua del Meruelo y con la diversión de todos los jóvenes que, un año más, continuaron con una vieja tradición de más de medio siglo.

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