Publicado por
León

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Aseguran que la Santa Sede considera, estudia, sopesa, analiza, contrasta y se plantea (la prudencia vaticana ha de pisar siempre en todos estos verbos-morrillo cada vez que tiene que cruzar un charco) la posibilidad o necesidad de que los curas que tengan hijos pasen por el Registro y les reconozcan legalmente dándoles su apellido a fin de que puedan acceder a herencias, derechos y esas cosas. Qué detalle. Se acabó el curioso enigma que atormentaba a aquel chaval: «todos los niños del pueblo llaman al cura padre , menos yo, que soy su hijo, y tengo que llamarle tío».

Hay quien saluda esta iniciativa con albricias pascuales creyendo que entra una luz en las catacumbas canónicas, pero si alguno piensa que esto significará un paso hacia el celibato opcional en el sacerdocio, que deje de soñar o arremangarse el hábito. No van por ahí los tiros o el hisopazo bendito; no se trata de reconocer y casar a los curas que faldearon o a las monjas bragueteras, sino de legalizar solamente una realidad «de facto» para delimitar las responsabilidades legales que pudieran derivarse, pues desde que el adeene anda en danzas y tribunales, estas filiaciones son peligrosamente demostrables y reclamables... ¡lagartos y demonios, que viene una avalancha!...

Roma quiere ponerse la venda antes de la herida, dicen los que recelan de la noticia. Se quiere endosar al cura-padre (y es lo que sin duda procede) toda responsabilidad pecuniaria sobre esas criaturas a fin de que el asunto no acabe llegando algún día a las arcas generales o patrimonio eclesiástico como ha venido ocurriendo en los infamantes casos de pederastia. Esa es la cosa, problemón de caja y nada más. La teología o la doctrina no están invitadas a estos extremos.

Ahora bien, ¿seguirían desempeñando su ministerio los curas que tengan que reconocer hijos o se les apartaría de la función?... No parece tal. Amén de necesitarse curas, amén, sería fariseísmo tonto excluirles. ¿No ha venido tolerando el sigilo estos casos, aun siendo de dominio público y conociéndolos desde el sacristán al Papa?...

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Me alegro, en fin, por aquel niño de pueblo que ahora podrá lucir orgullo entre chavales: «llamaréis al cura padre , pero sólo yo puedo decirle papi».