Publicado por
pedro trapiello
León

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Vaya lío. Vino con marejada y ahora toca resacón de resopón. Nadie se priva de hablar, opinar o pontificar sobre el asunto del «Alakrana», nombre que sigue pareciendo más propio de un sampán pirata de Emilio Salgari que de un inocente barco atunero, aunque no es menos cierto que cuando el «Alakrana» sacaba a ondear su enseña, su patente de corso pesquero y sus redes, los atunes salían de allí cagando tariles y cerillas al grito de «que vienen los corsarios».

Se pagó, claro, se rindió el pabellón y se aforó el canje, así que aquí tiene munición para volarle la cresta a Zapatero una oposición obsesionada en torear en otros ruedos donde no tengan que pisar tanta boñiga propia. Y se escandaliza la bancada opositora, acusa al gobierno de trágalas y calzones sin hombría, de no haber sido contundente y de no haber perseguido a los forajidos que se largaron de rositas con el botín y con la gachí de la peli; acusan, en fin de no haber metido estaca gorda y zanjar la cosa con un zambombazo. Ya. ¿Y qué Trillo entre los populares hubiera dado en este marrón la orden de poner los cojones sobre la cubierta al amanecer y soplando una ligera brisa?...

Al igual que las putas, el secuestro es el oficio más viejo del mundo. Pagar rescate por una prenda se inventó ya en las cavernas. Secuestraban los troyanos, los fenicios y los vikingos en sus correrías costeras; los corsarios ingleses tenían salvoconducto real; los turcos piratearon el Mediterráneo cuanto quisieron; la moraima expolió la costa levantina durante siglos... y hasta se fundó entonces la orden religiosa de los trinitarios para canjear frailes por cautivos en Argel y la Berbería. De esta industria del cautiverio y del chantaje no se libró ni Cervantes. Y se pagaba; con doblones o con clérigos. ¿Y quién no pagó en Euskadi si le secuestraban? ¿Y quién no paga hoy sin que le secuestren? ¿Cuántos paisanos no pagaron en Méjico a los hampones de este negocio? ¿Quién no vendería todo si le secuestran al hijo?...

Pero ahora es tiempo de abaratar políticas de trinchera y de alacranes aguijoneando. Acabaremos con el «Alakrana» vomitando chapapote. Cada bar tiene un catedrático en pepinazos expeditivos. La tropa anda caliente. Jo.

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