"Envejecer es una putada si te conviertes en un cascarrabias", asegura Luis García Montero

"El machismo quiere que me avergüence de ser el viudo de Almudena Grandes", dice el escritor, que regresa a la novela con 'La mejor edad'

Luis García Montero, Susana Aldecoa y Ángeles Encinar. A la derecha, los objetos guardados en la caja del Cervantes.Valentina Deluca

Publicado por
Agencias

Creado:

Actualizado:

Almudena Grandes (1960-2021) aconsejó a Luis García Montero (Granada, 1958) que metiera en un cajón la novela que ahora publica: 'La mejor edad' (Tusquets). El escritor, poeta y director del Instituto Cervantes le hizo caso. Pero la recuperó y corrigió tras la muerte de la narradora. No quería volver al duelo que ya abordó en el poemario 'Un año y tres meses', pero la ficción le llevó de nuevo a la figura de su esposa. A hablar de la enfermedad, la esperanza, el paso del tiempo y de la muerte. Siempre con el orgullo de ser el "viudo" de la llorada escritora, condición que le ha granjeado "una legión de odiadores" "A una mujer el machismo no le ofende llamándola viuda. Pero ese mismo machismo intenta que me avergüence de ser el viudo de Almudena Grandes. Parece que es el machirulo quien debe tener el protagonismo", apunta sin perder la sonrisa. Afronta ese odio, muy virulento en las redes, afirmando estar "muy, pero que muy, muy orgulloso de ser el viudo de una de las grandes escritoras de la literatura española contemporánea". "Tuve la suerte de compartir treinta años con ella y por ahí no me ofenden de ninguna manera", se reafirma. Se sometía García Montero a la "autoridad narrativa" de la autora de 'Las edades de Lulú' y 'El corazón helado'. Ella le reclamó "arreglar" algún personaje, subsanar "muchos errores" y "reescribir algunas partes contradictorias" de la novela. "Corregí los defectos y apliqué sus sugerencias", admite el autor, que, con todo, tuvo el original arrumbado en un cajón durante doce años. Narra la peripecia vital del expresidiario Manuel Benítez, que logró rehacer su vida, y la del juez que lo condenó injustamente a prisión en 1975, el magistrado Ramón María Zaldívar, que, viudo y jubilado, "realiza un viaje de la intransigencia a la tolerancia" preguntándose, como el narrador, cuál es la mejor edad. García Montero tiene claro que para él "fueron los años compartidos con Almudena". De modo que si mira al pasado, este hijo de militar concluye que "la vida me ha hecho muchos más regalos que putadas, en el amor, en la poesía y en la filología". "Envejecer es una putada si te conviertes en un cascarrabias. Si no sabes dar un paso al lado y crees que todos los jóvenes son tontos", asegura en clave positiva. Y eso que la vida le ha dado terribles zarpazos, encadenando la muerte de su mujer, víctima del cáncer, con la de su padre y la de su primera nieta, fallecida a los quince días de nacer. "Cuando tienes una pérdida, tomas conciencia de lo que antes era vida cotidiana", asegura, precisando que la novela habla "de la importancia de reconocer los logros del pasado para no perder la ilusión en el futuro". Se identifica así con sus personajes, el expresidiario que le habla a su mujer enferma y el septuagenario juez que enviuda y, al hacer una mudanza, se topa con el historial de sus sentencias, lo que le lleva a revisar su evolución y su capacidad de compromiso. El juez y el penado simbolizan para García Montero "la evolución de la democracia en España y el periodo de la Transición". Una historia que acaba más o menos bien a juicio del escritor. Tanto, que "habría que dejar de hablar de la enfermedad de la democracia española para hablar de la enfermedad de la democracia en el mundo". Genocidas bombarderos "Se está conformado una nueva forma de dictadura: la de los millonarios que no aceptan ningún límite para sus negocios y se consideran con el derecho a bombardear un país, a cometer un genocidio o a decir en público que van a acabar con una civilización milenaria", lamenta. "Europa es un problema" para esos dictadores emergentes, según el autor, que juzga como "una buenísima noticia" que Viktor Orbán perdiera elecciones en Hungría. "Hay jueces que hacen más política que justicia", afirma García Montero al hilo de la actualidad judicial. Amigo y admirador de Baltasar Garzón, tiene sin embargo "muchos motivos" para dudar de las actuaciones del juez Juan Carlos Peinado -instructor de la causa contra Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno- y de su colega del Supremo, Ángel Hurtado, que llevó la causa contra el fiscal general del Estado por un delito de revelación de secretos que habría vulnerado los derechos del novio de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. "Dudo de Peinado y Hurtado y me identifico mucho más con la transformación de la justicia que representaron los jueces para la democracia, progresistas como Garzón", reitera. Un juez que pasó del estrellato al ostracismo, "pero que con la detención de Pinochet en Londres en 1998 hizo de España un referente en la justicia internacional y los derechos humanos". Siente "vergüenza" ante los casos de corrupción que están en los tribunales, aunque marca diferencias. "Hay casos que tienen que ver con una persona que es un canalla y casos que significaban la perversión de todo un Gobierno que quería convertir la justicia en una mafia", precisa. Le resulta "extraño" que unos se resuelvan en meses y otros se eternicen porque el juez "aplaza y aplaza" cuando se juzgan delitos parejos. Habla de "estafas a la sanidad pública con la venta de mascarillas en la pandemia". "Ábalos está siendo juzgado mientras que el novio Isabel Díaz Ayuso sigue sin ser juzgado y trabajando", apunta. 

Cargando contenidos...