El trasplante hepático con donante vivo abre la curación a pacientes terminales

El desarrollo de las técnicas modifica el pronóstico de los enfermos con cáncer

Los médicos de Especializada ampliarán conocimientos sobre el tratamiento del cáncer de hígado.

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carmen tapia | león
León

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«E n los últimos años, el desarro llo de los programas de trasplante hepático con donante vivo abre la posibilidad de ampliación de criterios evitando la muerte de pacientes que, por enfermedad, no tendrían acceso a donantes cadavéricos, que siempre son insuficientes para la lista de espera de trasplantes». El jefe de Cirugía Clínica de la Universidad de Pamplona, Fernando Pardo, ofrece hoy una charla a los médicos especialistas del Hospital de León, dentro del programa de formación continuada, para abordar los últimos avances en el tratamiento quirúrgico del hepatocarcinoma.

El especialista ofrecerá a los profesionales de León los datos que reflejan el aumento del hepatocarcinoma en el mundo occidental. «En las últimas décadas, no sólo la eclosión del virus de la hepatitis C es responsable de este considerable aumento. También se han demostrado una fuerte relación entre el síndrome metabólico y la aparición del hepatocardinoma sobre hígado precirrótico o incluso sobre esteatohepatitis no alcohólica», explica Pardo.

La decisión terapéutica para luchar contra el cáncer de hígado para por la operación (resecabilidad) o el trasplante. «El desarrollo del trasplante hepático ha modificado sustancialmente el pronóstico de los pacientes cirróticos con hepatocarcinoma. No obstante, la resección quirúrgica sigue teniendo un papel importante en pacientes seleccionados».

Pardo defenderá hoy en el Hospital la ventaja de la cirugía frente al trasplante para evitar la estancia en lista de espera, con el posible crecimiento del tumor. Tiene una supervivencia a largo plazo aceptable, por encima del 50% en la mayoría de los tumores, «seleccionando bien a los pacientes la mortalidad postoperatoria es muy baja. «El trasplante ofrece una mejor supervivencia a largo plazo, con escasa recaída si se cumplen determinados criterios de selección, y cura la patología». Frente a ello, el trasplante tiene una mortalidad más alta no sólo por el procedimiento en sí, sino por la recaída de la enfermedad viral y de los efectos adversos a largo plazo de los medicamentos inmunosupresores. «La imposibilidad de tener injertos disponibles para todos los pacientes es lo que hace que debamos seleccionar qué pacientes son susceptibles de trasplante y cuáles se beneficiarán de cirugía resectiva», afirma Pardo.

En los pacientes que no tiene cirrosis la cirugía es el tratamiento quirúrgico más adecuado para el cáncer de hígado. «Incluso grandes tumores son susceptibles de operación, previa reducción de la masa tumoral con tratamiento de quimioterapia.

«El trasplante hepático ha demostrado su eficacia en pacientes seleccionados. Se acepta hoy que un nódulo único menor de cinco centímetros de diámetros hasta tres centímetros, sin enfermedad extrahepática, es una buena indicación de trasplante, con supervivencia a largo plazo similar a la de pacientes con cirrosis sin cáncer de hígado».

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La experiencia clínica ha demostrado, según explica el cirujano Pardo, que los cánceres de hígado que excedan ligeramente los criterios antes citado de trasplante, en cuanto a tamaño o número de módulos, han si do trasplantados con buenos resultados.