a corazón abierto | josé garcía cosamalón. jefe de neurocirugía del hospital de león
«El reto es ampliar y dotar mejor el laboratorio de microcirugía»
jesús F. salvadores
ana gaitero
LEÓN
De niño, José García Cosamalón acudía con su familia al barco hospital Hope, atracado durante años en el puerto de Salaberry, cerca de Trujillo (Perú) debido a la enfermedad de un hermano. «Curaban a mucha gente con todo tipo de enfermedades, especialmente a gente sin recursos. Sus resultados eran sorprendentes. Para toda la población aquel barco era como un templo más», cuenta.
Así surgió su vocación. Luego estudió Medicina en la Universidad de Zaragoza. El encuentro con el doctor Santiago Ucar en el hospital Nuestra Señora de Gracia y el trato que daba a los pacientes le inclinó por la neurocirugía. Es el jefe del servicio de Neurocirugía del Hospital de León, con más de 40 años de ejercicio.
No lleva la cuenta de las operaciones y confiesa que «de los casos que evolucionan satisfactoriamente te vas olvidando pero de los que siempre guardas recuerdo son de aquellos en los que te queda una sensación de impotencia al no poderles curar y también de los que han presentado complicaciones, sobre las que reflexionas y haces autocrítica».
—¿Qué hitos destaca de la neurocirugía desde que ejerce?
—La incorporación del microspio quirúrgico es el mayor hito en la historia de neurocirugía. Se consiguió una manipulación atraumática del cerebro y se introdujo una nueva filosofía, propugnada por Gazy Yasargil (padre de la neurocirugía moderna), que se basa en un conocimiento microanatómico del cerebro y en el aprovechamiento de las vías naturales que hay en la superficie y en la base cerebral como accesos a las lesiones profundas, valiéndonos de la visión tridimensional magnificada y al efecto telescópico que ofrece el microscopio. Muchos de estos conceptos después se han aplicado a la cirugía del raquis.
—¿A cuántos pacientes atendieron el año pasado en consultas y hospitalizados en el Caule? ¿Cuántas intervenciones?
—Operamos una media de 750 pacientes al año con unos ingresos hospitalarios que pasan de los 1.000 casos anuales. En consulta externa vemos entre nuevas consultas y revisiones más de 5.500 pacientes al año.
—¿Cuáles son las patologías más frecuentes?
—En un 50% patología craneal y en un 50% cirugía del raquis. La mayoría de la patología cerebral son tumores y el mayor porcentaje de las intervenciones de columna son por patología degenerativa. En tercer lugar están los ictus hemorrágicos y en cuarto lugar los traumatismos craneales y del raquis.
—¿Qué impacto tienen los accidentes de tráfico en la carga asistencial?
—Los traumatismos cráneo-encefálico y raquimedulares graves por accidentes de tráfico han disminuido, pero siguen siendo un volumen importante de la patología neuroquirúrgica. Afortunadamente contamos con una unidad de cuidados intensivos de primer nivel y conjuntamente tratamos a estos pacientes. A temporadas un grupo importante ocupan las camas de la UCI. La carga asistencial se da cuando estos pacientes presentan secuelas graves y tienen que ser atendidos en nuestro servicio durante un largo periodo de tiempo.
—¿Qué ha supuesto la colaboración con la Universidad de León para la praxis clínica?
—Hemos tenido un gran apoyo de la Facultad de Veterinaria, especialmente del departamento de medicina y cirugía animal que dirige el profesor Gonzalo Orden. Gracias a ellos y a la unidad de investigación del hospital hemos podido realizar los cursos de microcirugía desde hace 20 años, al que hoy acuden neurocirujanos en formación de todo el país. Realizamos conjuntamente el primer curso de cirugía endoscópica y vídeo asistida del raquis el año 2004. Seguimos en estrecha relación con Veterinaria.
—¿Qué avances se han incorporado en los últimos años?
—El desarrollo de la neuroimagen, especialmente de la resonancia magnética ha sido un gran avance para el diagnóstico precoz de muchas enfermedades del cerebro. Hoy en día gracias a la nuevas técnicas de imagen podemos tener no solo una visión anatómica tridimensional si no también un estudio funcional del cerebro, de gran ayuda al neurocirujano ante lesiones adyacentes a áreas elocuentes. La neuroimagen también nos guía hacia lesiones que están por debajo de la superficie cerebral o en la profundidad del cerebro a través de los sistemas de neuronavegación, con un importante margen de seguridad en la cirugía cerebral. Gracias al servicio de Neurofisiología hemos podido desarrollar la monitorización intraoperatoria, de suma importancia cuando se trata de preservar estructuras tan críticas de la corteza cerebral como son las áreas del lenguaje, corteza motora, sensitiva o los nervios de la base craneal.
—¿Qué porcentaje de operaciones son mínimamente invasivas?
—Prácticamente todos. Llaman la atención las intervenciones sobre el raquis en las que los pacientes son dados de alta precozmente a las 12-24 horas. Realizamos unas 300 al año.
—¿Cuáles son los retos pendientes?
—El servicio de neurocirugía tiene un ganado prestigio en Castilla y León y en España. Nuestro interés es fomentar dentro de nuestro grupo y especialidades afines el desarrollo de proyectos de investigación. Para ello hemos creado la Fundación Leonesa Proneurociencias cuyo objetivo es conseguir aportaciones económicas de particulares y empresas para el mantenimiento de la actividad docente y el desarrollo de proyectos de investigación. Participan profesores de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de León (Gonzalo Orden ) y del departamento de Morfología y Biología Celular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo (José Antonio Vega). Está en marcha un convenio de colaboración con estas dos universidades. En el año de la Neurociencia en España, hacemos esta humilde contribución. Uno de los retos es ampliar y dotar con los mejores medios el laboratorio de microcirugía experimental situado en el hospital San Antonio Abad. Agradecemos sinceramente a D. Antonio Martinez, de la asesoría Aster, y a su familia su inestimable ayuda.
—¿Ve desánimo a su alrededor o en usted mismo ante la situación actual en la sanidad pública?
—La situación económica y los recortes en lo que era una sanidad modélica esta produciendo desánimo. Sin embargo los médicos no podemos dejar de atender y operar a nuestros pacientes con el mismo interés y con la misma ilusión ya que ese plus humano de nuestra profesión está por encima de situaciones como la que estamos pasando.
—¿Cuál es su ‘mecanismo’ de defensa ante los recortes?
—Debemos seguir haciendo nuestro trabajo como mejor sabemos hacerlo, mantener el optimismo y sobre todo confiar en la sensibilidad de la administración a la hora de cubrir las necesidades básicas de los pacientes y de los servicios médicos.