| Entrevista | Xavier Esqué Abelló |
«La industria tiene interés en medicalizar la vida cotidiana»
La escucha es el instrumento que ofrece el psicoanálisis para superar los síntomas de la depresión frente al «abuso de la píldora de la felicidad» que promueven los laboratorios, señala Esqué
Xavier Esqué Abelló es presidente de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis integrada en la Asociación Mundial de Psicoanálisis y especialista en psicología clínica. Imparte docencia en Barcelona. El viernes habla en León sobre la depresión. -¿Qué opina de la tendencia científica que achaca la depresión a factores genéticos? -Existe una tendencia a «genetizar» la vida cotidiana y a dar toda responsabilidad de lo que pasa en el sujeto humano a los genes. Desde el punto de la depresión esto obedece a la lógica del consumo y del interés que tiene la industria farmacéutica en medicalizar la vida cotidiana. Veinte años atrás, la depresión era un problema menor dentro de los problemas de salud mental. A raíz de la comercialización del Prozac, la píldora de la felicidad, existe un interés muy marcado de la industria por medicalizar la depresión y se da un abuso claro en la medicalización. -¿Cuál es la postura del psicoanálisis ante la depresión? -Es un fenómeno de nuestra época sobre el que los epidemiólogos prevén un aumento. El ser humano en determinados momentos de su vida puede estar triste (pérdidas de seres queridos, crisis de pareja...) y la primera respuesta que se da es su medicalización. Nuestra posición es distinguir los problemas de la vida cotidiana de la depresión desde el punto de vista clínico. Hay que hacer, además, un buen diagnóstico en el campo de la psicosis y de la neurosis pues tiene sentidos muy distintos. Nuestra posición es la escucha, a partir de la cual la persona puede hacer una elaboración de los síntomas que le hacen sufrir, porque estos síntomas tienen un sentido. Eliminarlos por medicamentos muchas veces deja sin recursos a los individuos, lo que no le permitirá enfrentarse a determinadas cosas en la vida. No estamos en contra de la medicalización, pero se abusa de fármacos. La industria tiene que generar beneficios, pero el Estado tiene que tener un control para limitar ese abuso. -Al psicoanálisis se le achaca el defecto de ser un tratamiento demasiado largo... -Para alguien que quiera llevar el tratamiento hasta el final es largo. Pero en la escuela lacaniana trabajamos también con ciclos cortos para afrontar estos síntomas. Es un psicoanálisis aplicado a determinadas preguntas en 16 sesiones que tiene efectos terapéuticos rápidos. Si luego quiere continuar con otras preguntas se hacen otros ciclos. -¿Qué respuesta se dar en la consulta de atención primaria? -La primera respuesta del médico de familia será seguramente recetar un antidepresivo. No tienen tiempo para mucho más tiempo. Pero hay algunos médicos que tienen más sensibilidad, hacen una buena entrevista y derivarán el caso a un centro de salud mental. -¿Está reconocido, tiene autoridad, el psicoanálisis en el sistema sanitario? -El psicoanálisis no está contemplado en el sistema sanitario pero hay psicoanalistas en los centros de salud mental y programas piloto de orientación psicoanalista en algunas comunidades autonómas, como Cataluña. Me consta que en Castilla y León también hay psicoanalistas en la red de salud mental. -¿El psicoanálisis implica a la persona en su propia curación? -Hay personas que tienen síntomas de angustia, tristeza... Esto tiene que ver con su subjetividad. El psicoanálisis da pie a hablar y a encontrar un lugar para la palabra que dé significación y sentido a esa tristeza. -¿Se rebela la sociedad contra la medicalización? -No porque es algo que entra en la lógica del mundo capitalista y del consumo llevada la vida psíquica. Se inventan medicamentos contra la timidez. Pero hay asociaciones profesionales que se resisten y ofrecen otras alternativas.