miércoles 22/9/21

La alemana que tira de la trashumancia

Ernestine Lüdeke, vicepresidenta de la Fundación Monte Mediterráneo, impulsa con el grupo operativo Ovinnova el aprovechamiento estival de varios puertos leoneses
Ernestine Lüdeke durante la tercera velada trashumántica organizada por Ovinnova en Salamón. FERNANDO OTERO

Quienes la conocen bien aseguran que a Ernestine Lüdeke no hay despacho que le cierre las puertas. Su tenacidad hace crecer brotes verdes en la trashumancia de las merinas a los puertos leoneses. Recogiendo la tradición de los ‘colloqueros’, que buscan puertos en el Pirineo para que las ovejas pasten en verano, devolvió a los puertos de Lois y Salamón el trasiego estival de las merinas con el repique de sus cencerros hace cinco años, con las 1.300 ovejas del rebaño del extremeño Paco Morgado que este año ha repetido el hito de subir andando los 540 kilómetros desde la dehesa a los puertos de Bioba y Las Pintas. «Empecé en 2009 con unos puertos en la provincia de Palencia con Oviso (ahora Eagrup) porque no hay ningún sistema más sostenible que la trashumancia: se alimenta el ganado en el momento y en el lugar idóneo», explica. Lüdeke, vicepresidenta de la Fundación Monte Mediterráneo, quiso ir más allá. Con el espíritu pragmático propio de su cultura trata de trascender la idea romántica que rodea a esta actividad milenaria «en un modelo de gestión apto para la realidad del siglo XXI». Con el grupo operativo Ovinnova, un proyecto apoyado por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca y el Fondo Social Europeo, este año apoya la trashumancia de 13.800 ovejas en los puertos de León —casi 5.000—, Palencia y Burgos. Desde esta plataforma, que cuenta con múltiples patas, incluido en el Ayuntamiento de Crémenes, ofrecen a los ganaderos puertos, alternativas de transporte adaptadas a sus preferencias y la época de cubrición de las ovejas, preparar los chozos para que los pastores vivan dignamente, facilitar el pienso para la sal que toman las ovejas y la contratación y formación de pastores y pastoras. Este año cuentan con una docena de aprendices.

«Es un modelo de futuro. De esta manera los ganaderos del sur descargan las dehesas de ganado y en el norte ofrecen un servicio ambiental a los puertos», subraya. La demanda es grande porque, después de la esplendorosa primavera de las dehesas el verano arrasa los pastos y el agua escasea: «Este año quedaron 8.000 ovejas en lista de espera». Las ovejas ayudan a mantener la biodiversidad, el equilibrio con otras especies y previenen incendios, además de dar carne y lana. Ernestine Lüdeke, que ya es todo un personaje en la Montaña Oriental, espera que el próximo verano suban 20.000 ovejas.

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