EL BEST-SELLER LEONÉS DEL SIGLO XVI

Cajón con tipos de la imprenta que se conserva en el Archivo Histórico Provincial de León, en el edificio del Arco de la Cárcel. Abajo, páginas del afamado ‘Libro de Albeytería’, que fue un auténtico ‘boom’ literario
Fue un auténtico ‘boom’ literario desde el momento de su impresión, en Astorga, en 1546-1547. Y siguió siéndolo después. Decenas de ediciones mientras ‘El Lazarillo de Tormes’ tenía siete y cuatro las obras de Garcilaso. Esta es la historia del ‘Libro de Albeytería’, un súper ventas del siglo XVI y de su autor, un herrador y ‘tratador’ de bestias y animales que traducía del latín y se manejaba en un castellano aún hoy envidiable

Érase una vez un modesto herrador de caballos…

Podría ser el comienzo de uno de los relatos breves de Tolkien, que tiene varios, como es el caso de ‘El herrero de Wootton Mayor’, o ‘Egidio, el granjero de Ham’. Pero no: es el comienzo de una biografía de la que se desconoce prácticamente todo, salvo el nombre de la persona, Francisco de la Reyna, y lo que de sí mismo nos dice en una obra por él escrita, el ‘Libro de Albeytería’, impreso por Agustín de Paz en Astorga en 1546-47, libro que resultó ser uno de los éxitos editoriales más notables de todo siglo XVI.

Pero empecemos por el principio.

Por los años 30 y 40 del siglo XVI vivía en Zamora el impresor y librero Agustín de Paz, al que un buen día del invierno de 1544 se le acercó un comisionado de don Diego de Álava y Esquível, obispo de Astorga, ofreciéndole la posibilidad de trasladar su imprenta a Astorga con un sustancioso contrato para imprimir en la ciudad maragata, que carecía de imprenta, nada menos que 750 misales y 700 manuales, o rituales. El 15 de febrero de 1545 De Paz firmó el contrato con el obispado y cabildo, y trasladó su imprenta a Astorga, donde se avecindó y residió tres años con su familia (tuvo nueve hijos). Durante su estancia en la ciudad maragata imprimió en 1545-46 los 1.450 volúmenes contratados, y luego un ‘Diálogo entre dos sabios’ (uno a favor y otro en contra de las mujeres), de Cristóbal de Castillejo, un ‘Libro llamado Thesoro de Ángeles’, de Francisco de Hevia, una ‘Farsa llamada Custodia’, de Bartolomé Palau, y tres meditaciones sobre distintos salmos, las tres del famoso Savonarola.

En 1548 De Paz abandonó Astorga y trasladó sus tórculos a Mondoñedo, donde se le incendió la imprenta, y años después a Santiago de Compostela, y también a Oviedo, y terminó sus días a finales de 1558 en la cárcel de Santiago, por deudas según ciertos documentos, según otros por haber impreso bulas falsas. Aunque esa ya es otra historia, como dicen que decía Kipling.

Volvamos, pues, a Astorga, año de 1546. Terminada la impresión de los misales y rituales de la diócesis, a Agustín de Paz se le acercó un día un convecino suyo de Zamora, de nombre Francisco de la Reyna, que se presentó como «herrador y albeytar».

No era trabajo lo que buscaba, ni sus credenciales eran muy habituales en ese oficio: había estado al servicio del conde de Alba y Aliste, sabía latín y había traducido textos de san Alberto Magno («los traduzi de latín en romançe») y citaba con soltura a Vincent de Beauvais y a Plinio («en su octavo libro en el capitulo quarenta y dos de la natura de los caballos dize que las yeguas…»); y, además, escribía en un castellano limpio y terso, que todavía hoy es de envidiar. Francisco de la Reyna traía consigo un manuscrito que quería ver impreso, un grueso rimero de páginas que trataban de lo que él conocía, de su oficio de herrador y albéitar, «de las enfermedades y desastres que suelen acaescer a todo género de bestias y la cura de ellas», de cómo «conosçer un buen caballo y una buena mula»; un tratado, en fin, que según su autor era «el más copioso que hasta agora se ha visto».

Albéitar e impresor cerraron el trato. El 21 de noviembre de ese año 46 se dio autorización para imprimir y vender la obra, De Paz se puso al trabajo y lo acabó en poco más de mes y medio, el sábado 11 de enero de 1547, con la portada a dos tintas que aquí se adjunta y con un elegante colofón sobre el emblema del impresor:

FVE IMPRESSO EL

presente libro de Albeyteria. En la muy noble & insi

gne ciudad de Astorga, de las mas antiguas

de España. Y acabosse en casa de

Agostin de paz, impressor de li

bros. A onze días de

Enero. año de

M.D.XLVII.

Dudoso todavía del valor de su obra, De la Reyna lo termina con dos líneas a sus lectores: «A los que lo leyeren les suplico si en ello hallaren yerro alguno perdonen mi poco saber y tengan en mucho la voluntad con que lo hago».

Y fue de pronto el boom de ventas, imagino que para sorpresa tanto del autor como del impresor. Al año siguiente, 1548, se publicó una segunda edición en Burgos y una tercera en Zaragoza en 1551-52. El propio Agustín de Paz, que ya se había trasladado a Mondoñedo, aprovechó el tirón para también él imprimir allí una nueva edición en 1552 («agora nuevamente impresso y enmendado»). Y siguieron sin pausa y en cascada nuevas ediciones en Zaragoza 1553, Baeza 1556, Burgos 1562, Burgos 1564, Salamanca 1580, Alcalá de Henares 1582, Zaragoza 1583 y dos ediciones más en Alcalá de Henares en ese mismo 1583. Cruzado el umbral del siglo XVII el ‘Libro de Albeytería’ conoció cuatro nuevas ediciones en Alcalá de Henares 1603, Madrid 1617, Alcalá de Henares 1623 y 1647, glosadas ya y comentadas por otro albéitar, Fernando Calvo.

Es obvio que no son términos comparables, pero aun así quizá convenga recordar que mientras en ese siglo XVI el exitoso ‘Lazarillo de Tormes’ tuvo en España siete ediciones, y cuatro tan solo las obras de Garcilaso de la Vega, el libro de Astorga que hoy nos ocupa tuvo trece. Y cuatro más a comienzos del siguiente siglo XVII. En nuestros días, ya en el siglo XXI, dos veces se ha publicado en facsímil el ‘Libro de Albeytería’, una en León en 2002, otra en Santander en 2012, una y otra con un amplio estudio previo de Benito Madariaga de la Campa.