martes 26/10/21

cartas al director

c Luis Antonio García Primo titula su carta ‘Gracias, en nombre propio’: «Con la perspectiva que da el tiempo, no puedo por menos que hacer público un sentir que me ronda en lo más hondo de mi ser. El 12 de julio mi hijo adolescente (impulsivo y poco reflexivo, como muchos) tuvo un accidente con la bicicleta en Las Lomas, cerca del antiguo depósito de aguas. Hasta allí tuvo que desplazarse el helicóptero para su rescate y posterior traslado al hospital. Operado de una fractura, pasamos cinco días ingresados sin tener que lamentar daños mayores, ya que en la caída podía haberse matado.

Desde el primer momento policía, guardia civil, asistencia 1-1-2, personal del hospital, planta de trauma, etc. han sido, no sólo excepcionales profesionalmente hablando, sino también de una calidad humana y cercana que he echado mucho de menos en todo este tiempo donde la tónica es marcar y guardar distancias.

En primer lugar mi agradecimiento a Iván, amigo de mi hijo, por saber mantener la compostura y actuar con frialdad para avisar a casa y al 1-1-2.; gracias Cristina y Raúl, padres de Iván, que se presentaron en la zona y estuvieron y sufrieron con y por mi hijo como si fuera el suyo.

Quisiera agradecer a Luis, policía local de León, que acompañó a mi hijo desde el minuto cero; a Luisa, enfermera, que con sus palabras y buen ánimo me trasmitió paz en los momentos más duros; a Goreti, doctora, por su firmeza en las decisiones que ayuda a evitar el caos y descontrol; a Pablo, guardia de seguridad que me mostró su cariño y apoyo; Al doctor Guzmán, traumatólogo, por su cercanía y su feeling con mi hijo, al que llama ‘tigre’; a todo el personal de la planta séptima donde estuve con mi hijo, por su cariño y dedicación.

Fue un accidente de esos feos, de esos en los aterrizas con la cabeza, y sin casco; de esos en los que muchos han perdido la vida o han quedado postrados en una silla de ruedas. Somos conscientes y no podemos más que dar gracias a Dios por poderlo contar y muchas gracias a todos los que de alguna manera habéis conocido el caso y habéis formado parte de esta historia».

c Demetrio Gordo escribe contra ‘El botellón, la carcoma social’: «Cuando se habla de carcoma de inmediato se interpreta, que se trata de una plaga de gusanos o larvas destructores de las maderas. Si hacemos un símil con esos daños y los transportamos a la sociedad actual, solo sería comparable, con los efectos dañinos que causa el llamado botellón en aquellos que lo practican.

La borrachera y el exceso están de moda y pone en peligro a una sociedad joven, que esta empezando vislumbrar el futuro, con más dudas que certezas y sometida al vapuleo de las nuevas tendencias.

Las lujosas cafeterías de mesa y mantel, distinguidas por el humeante aroma del café que servían a sus clientes. En otros tiempos, destacados lugares de quedada y reunión, donde la juventud pasaba las tardes de los domingos y fiestas de guardar, entre charlas de distracción y burbujas de coca-cola. En las grandes ciudades han sido sustituidas, por los parques públicos y por zonas apartadas con escasa luminosidad, para dar rienda suelta al consumo de alcohol, sin control ni medida.

Aunque en inicio esta tendencia al consumo de alcohol, podía ser atribuible aquella juventud, con ciertas carencias de autoestima y de difícil adaptación al medio social o con escasos recursos económicos. La realidad demuestra, que la borrachera como forma de evasión a través del llamado botellón, atrapa a jóvenes o no tan jóvenes, independiente del estatus social que estén encuadradas sus familias.

Parece que las consecuencias atribuibles a la pandemia van más allá que a un simple contagio del virus covid-19. No son pocas las veces que durante los periodos de confinamiento ha tenido que intervenir la policía, para disolver reuniones o fiestas ilegales, en las que multitud de jóvenes disfrutaban a tumba abierta, como si no hubiese mañana. Y donde el consumo de alcohol y las drogas era el plato fuerte de la convocatoria.

A la vista de los hechos no parece muy arriesgado pronosticar, que la sociedad se debe preparar para vivir una segunda tragedia que se puede definir, como la generación de los alcohólicos. Cuando se hacen oídos sordos a los ruidos y ojos ciegos a la luz, no hay otra solución que cargar con las consecuencias.

No es creíble que situaciones que a su vez son noticia pública en los medios de información y en las redes sociales a diario, donde intervienen por lo general las fuerzas policiales, no tengan ningún responsable que ponga coto a actitudes que conducen a la tragedia humana.

Empezando por los padres de familia que viven en la despreocupación con hijos de corta edad, que empiezan a iniciarse en la lacra del botellón. Autoridades locales que no hacen nada por impedir comportamientos que degradan la convivencia. Si no, que se lanzan para descargar responsabilidades, adecuar espacios públicos donde practicar el botellón, a sabiendas de que esa no es la solución y que los lugares asignados, terminan siendo estercoleros de residuos.

No queda ninguna duda, que posiblemente los que practican el botellón lo hagan en nombre de la libertad individual. Es cierto que la sociedad en general lleva luchando por la libertad y el bienestar lustros. Pero solo hay que preguntarse. ¿Para qué sirve la libertad si esta coartada por la falta de salud?».

¿Cree necesario que se mantengan en los colegios las mismas medidas anticovid pese a los avances en la vacunación?

SÍ 76%

NO 24%

Apoya el incremento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) que promueve el Gobierno?

cartas al director
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