jueves 19/5/22
                      Imagen de Augusto Monterroso
Imagen de Augusto Monterroso

miguel lorenci

Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 1921- México, 2003), ha pasado a la historia de la literatura como el autor del microcuento más famoso de nuestras letras: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí». Pero el narrador, ensayista y poeta, nacido en Honduras, nacionalizado guatemalteco, exiliado en México, y de cuyo nacimiento se cumplen cien años, es mucho más. Fue una de las voces más originales e irónicas del ‘boom’ y recurrente candidato al premio Cervantes que no consiguió. Mago de la brevedad, el humor y el cruce de géneros, publicó apenas quince títulos a lo largo de su vida. Sí ganó el Príncipe de Asturias de las letras y su viuda, la escritora mexicana Bárbara Jacobs, cedió su legado a la universidad de Oviedo. Su famoso cuento de siete palabras es, paradójicamente, el más y peor citado de la literatura hispana. Cada cita lo trastoca y lo renueva. El dinosaurio ha sido ya unicornio, hipopótamo, cocodrilo, dragón y un sinfín de criaturas reales o mitológicas. Las citas erróneas darían para un ensayo o para un libro de referencias falseadas o equívocas, un volumen que al propio Monterroso no le habría desagradado ver publicado. Incluso quien fuera su editor en España, Juan Cruz, contribuyó a esta cadena de citas erróneas al rememorar el cuento del «despertar del cocodrilo» en presencia del propio Monterroso, que tuvo la amabilidad de no corregirle, para advertir luego que Cruz no había sido, ni mucho menos, el único que, traicionado por su memoria, convirtió al saurio en reptil. En ‘La metamorfosis de Gregor Mendel’, uno de los ensayos de ‘La vaca’, recordaba Monterroso cómo en unas elogiosas páginas de Vargas Llosa, el Nobel y Cervantes peruano-español, convirtió a su archifamoso dinosaurio en unicornio. Otro premio Cervantes, el difunto Carlos Fuentes, marró la categoría zoológica y también lo convirtió en cocodrilo. «Sus interpretaciones eran infinitas, como el universo mismo», decía Monterroso.

Cuando se despertó... ¿sigue ahí Monterroso?
Comentarios