jueves 26/5/22
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El escritor argentino Federico Jeanmaire, último Premio Unicaja de novela Fernando Quiñones, bascula en la novela ganadora entre Darwin y Cervantes, según ha explicado en la presentación del texto en Barcelona. Darwin o el origen de la vejez (Alianza Literaria) trata de un músico que, a punto de cumplir los 60 años, aterriza en unas islas Galápagos desiertas. El protagonista elige ese lugar tan alejado porque desea estar solo y porque está enamorado de una mujer bastante más joven que él, Rut. Jeanmaire, nacido en el seno de una familia de origen francosuizo, ha confesado que su fijación con Darwin viene desde su infancia. «Yo nací en Baradero, entre Buenos Aires y Rosario, un pueblo fundado por un fraile que venía del Paraguay que inscribió el nombre con una falta de ortografía en 1615, el mismo año que se publicó la segunda parte de El Quijote. Mi padre, que siempre gritaba y tenía un carácter muy violento, leía una literatura muy bizarra, por lo que a los 12 años empecé a ir a la biblioteca municipal, donde había libros de Sarmiento, primer escritor coloquial argentino, y el resto eran obras de Darwin». De esas primeras lecturas nació el deseo de visitar las Galápagos, para seguir el rastro de Darwin, algo que no consiguió hasta que cumplió 60 años y viajó con su hijo, como le pasa al protagonista de su novela. «Allí, en Galápagos, encontré unas tortugas más pequeñas de lo que imaginaba de pequeño», rememora. Barcelona es también motor de la novela, ya que «provoca que el protagonista, bastante parecido al autor, se vaya de viaje a las Galápagos por varias razones, por su interés sentimental con la obra de Darwin, y para intentar olvidar un amor barcelonés». Desde la fascinación por Darwin, Jeanmaire recuerda que el autor de «La evolución de las especies» escribió un libro de memorias antes de morir con la misma edad que tiene él ahora. «Resulta curioso que a los veinte años se embarca y viaja durante cinco años y al volver al Reino Unido ‘se consiguió una buena mujer’, como él mismo dice, tuvo cuatro hijos y ya no salió de su casa, a excepción de un par de veces que fue a Londres».

Entre Darwin y Cervantes
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